El objetivo central es transformar este sector emblemático en un barrio habitable, seguro y diverso, dejando atrás su imagen exclusiva de centro nocturno para convertirlo en un polo de desarrollo económico, cultural y social durante las 24 horas. La nueva política pública establece regulaciones estrictas sobre el uso de suelo, priorizando la recuperación del carácter residencial del barrio. Una de las medidas más contundentes es la limitación en la proliferación de bares, discotecas y, especialmente, licorerías, que han saturado el espacio público en los últimos años. La ordenanza propone un modelo de uso mixto, donde se incentiven los emprendimientos tecnológicos, las galerías de arte y los servicios profesionales, buscando un equilibrio que permita la convivencia entre el entretenimiento responsable y la vida familiar de los vecinos que aún resisten en la zona. También te puede interesar: Construcción en Ecuador registra un crecimiento del 20,9% de ventas en enero El plan de acción técnico se apoya en un modelo urbanístico que busca pacificar el tráfico vehicular para devolverle el protagonismo al peatón. Esto implica una intervención profunda en la infraestructura: mejora de aceras, iluminación LED inteligente y el soterramiento de cables, creando un corredor seguro que conecte a La Mariscal con el Centro Histórico y los parques cercanos como El Ejido. Además, se han establecido incentivos tributarios y simplificación de trámites para quienes decidan restaurar casas patrimoniales y convertirlas en proyectos de vivienda o centros culturales. La seguridad es el eje transversal de esta reactivación. El plan integral contempla la instalación de un sistema de videovigilancia conectado con el ECU-911 y la presencia permanente de agentes de control metropolitano. Sin embargo, la estrategia va más allá de la fuerza pública, ya que se apuesta por la vigilancia comunitaria a través de la ocupación constante del espacio. Al fomentar ferias gastronómicas, eventos académicos y la llegada de nuevos residentes, se busca que el barrio esté activo en horarios donde antes existía mucho riesgo. El éxito de este ambicioso reordenamiento dependerá de la articulación entre el Municipio, el sector privado y la academia. Con la aprobación de esta normativa, Quito asume la responsabilidad de devolverle el brillo a uno de sus barrios más históricos, entendiéndolo como una oportunidad de reinvención urbana real. El cronograma de implementación iniciará de inmediato con la actualización de los catastros y la fiscalización de locales que no cumplen con los nuevos parámetros, marcando así el inicio de una nueva era para La Mariscal: un barrio que, en lugar de ser evadido, vuelva a ser el destino preferido para vivir y crear en la capital.