La minería puede impulsar la economía ecuatoriana con pocas operaciones, si se consolida un entorno estable. El año 2025 fue de muchos retos para el sector minero, pero no dejó dudas sobre su influencia y aporte a la economía ecuatoriana. María Eulalia Silva, Presidenta Ejecutiva de la Cámara Minera del Ecuador (CME), sostiene que la minería ya incide significativamente en la economía nacional con pocas operaciones: cuando produce, empuja exportaciones, empleo e ingresos fiscales y se vuelve un termómetro de confianza. El frente de mayor fricción fue regulatorio. Silva cuestiona la “tasa de supervisión y control” por su diseño y por la forma de implementación, y advierte que el golpe recae sobre la exploración, donde nacen los proyectos futuros. En su lectura, “sin un catastro abierto y reglas estables, Ecuador compite en desventaja por capital de riesgo minero”. En lo coyuntural, el oro marcó el pulso del año. Según Silva, hace un año la onza se movía entre USD 2.600 y USD 2.800. A finales de 2025, el precio ha llegado a superar los USD 4.50, con proyecciones cercanas a USD 5.000 para este 2026. “Ese salto mejora exportaciones y tributos, pero también eleva el incentivo de la minería ilegal”. Con ese viento a favor, la CME proyecta un cierre histórico: exportaciones minerales entre USD 3.500 y USD 3.600 millones en 2025. El contraste con 2024 (USD 3.078 millones) muestra, dice Silva, lo sensible que es el resultado a paradas operativas. “La mina Mirador, por ejemplo, puede exportar entre USD 25 y 30 millones por semana cuando opera con normalidad”. También te puede interesar: Sector minero en Ecuador La conversación de fondo es la inversión. “No queremos sorpresas con impuestos o tasas nuevas”, sostiene Silva, al pedir previsibilidad tributaria y seguridad jurídica. Su planteamiento es directo: si se desalienta la exploración, el país renuncia a su próxima generación de minas. Con reglas claras, en cambio, el sector puede consolidar un aporte sostenido y verificable.