En el libro Barbie Dreamhouse An Architectural Survey, de Mattel Creations, es posible ver una instantánea de esa vivienda, hecha enteramente de cartón, con paredes amarillas, una cama individual y unos banderines universitarios a modo de decoración. Cuentan las buenas lenguas que desde sus inicios, Barbie nacía con una clara vocación de vivir de manera autónoma, y que esa residencia reflejaba, ya por aquel entonces, ese deseo de libertad –especialmente acentuado por el contexto de la época–. Tras esa primera incursión en el mundo del interiorismo, donde el color rosa era casi una anécdota residual, se fueron sucediendo una ristra de apartamentos y mansiones cada vez más sofisticadas. De hecho, en 1974, Mattel lanzó la Barbie Townhouse, inspirándose en la Maison Dom-Ino de Le Corbusier (un modelo de construcción modular de planta abierta). No fue hasta 1990 que la imagen recurrente que todos tenemos en la cabeza, la de una construcción pomposa bañada enteramente en rosa y fucsia –mobiliario incluido–, se hizo realidad con la Mansión Mágica. Ahora bien, si en lugar de haber sido una mera piscina en la que buscar inspiración, Le Corbusier hubiera podido diseñar de su puño y letra la casa de esta icónica muñeca ¿cómo la habría planteado? ¿Y si semejante tarea hubiese recaído sobre Calatrava? ¿Y Lina Bo Bardi?También te puede interesar: La muñeca Barbie con la figura de Celia Cruz salió a la venta Afortunadamente para nosotros, el software de inteligencia artificial Stable Diffusion nos permite jugar a hacer realidad esas quimeras que, de otro modo, serían una simple fantasía. La Casa de Barbie según Oscar Niemeyer y LeCorbusier Desde su despacho en los Campos Elíseos, donde el arquitecto brasileño se exilió tras el golpe militar sucedido en su país natal, Niemeyer aplicó en Europa su versión tropical del racionalismo, con el que compartía el uso del hormigón y el cristal y al que suavizaba con la maestría de sus formas orgánicas. Así sería precisamente la casa que Barbara Millicent Roberts le habría encargado y que podríamos imaginarnos a la perfección en las praderas de Wisconsin: un edificio moderno, brillante y sinuoso en el que el mobiliario juega un papel fundamental. Casi tanto como en la propuesta que partiría de Le Corbusier–que ya fuera inspiración en su momento para un modelo real–, en la que se aprecian sus colores fetiche y su amor por los ángulos rectos. Calatrava y Frank Gehry También te puede interesar: Barbie supera a Batman 'el caballero oscuro' como el estreno más taquillero de Warner en EE.UU. "Para mí, la estricta separación del arte y la arquitectura es una mera consecuencia de lo vivido en el siglo XX y el funcionalismo que imperaba tras la II Guerra Mundial, que dio lugar a la doctrina de 'la forma sigue a la función'. Pero es mucho más que eso. Y, por supuesto, hay un parentesco entre la obra escultórica y la arquitectónica", comentaba Santiago Calatrava al preguntarle por la relación entre arte y arquitectura. En sus obras, el arquitecto juega a hacer evidente sus fuentes de inspiración. Al igual que con la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Valencia, la casa de Barbie sería una suerte de camarote de barco mezclado con formas y ángulos de temática marina. Frank Gehry, por su parte, utilizaría la curva de otra manera, recubriendo la fachada con placas metálicas de ligero tono morado. La propuesta de la IA nos recuerda, de hecho, al Hotel Marqués de Riscal en La Rioja. Mies van der Rohe y Luis Barragán Máximo representante alemán del Racionalismo Arquitectónico y último director de la Escuela de la Bauhaus Mies era hijo de picapedrero, una profesión que le inculcó el respeto por los materiales nobles, como la piedra, y el respeto por la perfección visual más refinada. No nos extraña, por tanto, que a Barbie le diseñara una casa de varias alturas pero con pocos –aunque muy bien escogidos– ingredientes, denostando el uso del color rosa y apostando por la sobriedad de los tonos más naturales. En el diseño de Barragán es imposible no ver esos tintes mediterráneos –a través de la naturaleza, el agua y los volúmenes bajos y horizontales– que impregnaban sus obras, en las que se mezclaba modernidad y tradición y en las que sí hay cabida para ligeras estridencias cromáticas. Fuente: Architectural Digest