Por _ Juan Parra, Ejecutivo Principal, CAF-banco de desarrollo de América Latina La consecución de dichos objetivos es compartida por los diversos sectores de la sociedad. Así, por ejemplo, un sector público más transparente y con mayor institucionalidad permitirá una ejecución más eficiente de los proyectos, lo que significará un mejor uso de los fondos del Estado. El desafío mencionado es particularmente relevante si se considera la cantidad de recursos que llegan a la región. En el año 2018 la región recibió aprobaciones de crédito proveniente de las tres principales multilaterales que trabajan en territorio por un monto que supera los USD 33.100 millones. En el caso de ECUADOR, las aprobaciones conjuntas superaron los USD 2.300 millones, y de ese total, más del 30% fue gestionado por CAF –banco de desarrollo de América Latina. Sin embargo, más allá de la condición de acreedores, se tiene la misión de apoyar a los países a cumplir con sus objetivos con proyectos integrales, de ejecución transparente y midiendo el impacto de estos en el bienestar general de la población. Uno de los retos principales de los organismos ejecutores es terminar las obras dentro de los plazos estipulados y con los recursos asignados inicialmente para ese propósito. En este sentido, la banca de desarrollo apoya en las distintas etapas del ciclo de vida del proyecto, a través de la generación de estudios de buena calidad que provean soluciones integrales para las comunidades, el acceso a expertos de clase mundial que contribuyen a encontrar la solución que más se adapte al país, tanto en términos de costos como técnicos y con el conocimiento de las mejores prácticas realizadas en otros países, en las etapas pre-contractual y contractual. Durante la etapa de construcción se monitorea constantemente los proyectos que son financiados validando el progreso de los mismos a través de indicadores de producto, se trabaja en conjunto con los organismos ejecutores para establecer la recolección sistemática de información concreta y cuantificable a través de reportes periódicos. La tecnología actual permite geo-posicionar dicha información, sectorizarla y establecer análisis comparativos que facilitan la toma de decisiones. Es importante velar por que existan planes de operación y mantenimiento con el financiamiento suficiente para asegurar la sostenibilidad de los proyectos. Además, debe existir un plan de trabajo del contratista con el contratante para pasar el conocimiento a los funcionarios que las manejarán en el día a día Adicionalmente se busca medir los efectos que un programa puede tener sobre la población beneficiaria y conocer si dichos efectos son realidades atribuibles al proyecto a través de una evaluación de impacto. La evaluación es un instrumento que contribuye a la toma de decisiones y a la rendición de cuentas, es decir, aporta información tanto para los actores a nivel gerencial, como para los ciudadanos sobre la efectividad de los programas a los cuales se destina un presupuesto público. Ante la necesidad de llegar a más organismos ejecutores en toda la región, CAF creó un curso en línea abierto gratuito (MOOC por sus siglas en inglés) de evaluación de impacto que sirve de introducción para que los funcionarios públicos puedan familiarizarse con los conceptos de esta metodología, además realiza talleres en varios países para que puedan profundizar esos conceptos e incluirlos dentro de los proyectos que manejan. Es fundamental que los organismos multilaterales transfieran las lecciones aprendidas en otras naciones para apoyar a los organismos ejecutores a establecer metodologías que ayuden a crear soluciones integrales y establecer mejores controles de los proyectos que manejan, así como medir el impacto que dichos proyectos tienen en la población, fortaleciendo la transparencia en la gestión pública de la región.