Platicamos con José Antonio Hidalgo, Director Ejecutivo de AEBE, quien detalla que si analizamos al sector desde sus cifras, “el desempeño puede ser calificado como negativo porque se exportó menos volumen que en el 2020”. La reducción en 2021 fue de 3,35% en volumen y USD 5,18 en dólares FOB. Pero, “si lo vemos desde las contingencias que afrontó el sector, fue un año con un resultado positivo, ya que por temas reducción de productividad, elevación de los fletes por encima del 100% en zonas como la UE, el incremento del precio de los insumos de producción y exportación (plástico, cartón), la reducción de precio en el mercado final, fue menor a la esperada. ¿Cuáles son las fortalezas de este sector que es un fuerte dinamizador de la economía y el empleo? El sector y su cadena de valor ha demostrado una gran capacidad de resiliencia que le permitió adaptarse a situaciones negativas. Sin pandemia, Ecuador hubiera superado los 7,1 millones de toneladas en el 2020. Esta adaptación posibilitó mantener los puestos de trabajo y la exportación semanal a pesar de la dificultad en la disponibilidad de contenedores. Así se pudo cumplir con los compradores y mantener la disponibilidad de banano en el mundo. En 2021, el sector no dejó de trabajar para mejorar las condiciones fitosanitarias para evitar el ingreso del Fusaryum R4T, patógeno dañino para el banano. ¿Están listas las empresas del sector para entender que deben caminar en tres pilares (social, ambiental y financiero? Sí y desde hace mucho tiempo atrás. Esto es algo que se inició hace más de una década, cuando empresas exportadoras, a través de sus fundaciones, ejecutaron proyectos de apoyo para los trabajadores y que se extendió a los pobladores de las zonas cercanas. Los proyectos involucran temas de salud, educación, vivienda. Además, se ha incorporado tecnología para actividades necesarias como la fumigación y el uso de productos fitosanitarios; se han incorporado más hectáreas de producción y cultivo a certificaciones internacionales como Global Gap y Rainforest. En el pilar financiero sí han existido problemas, porque el comprador al imponer exigencias como eliminar ciertas moléculas necesarias para que la fruta llegue en estado perfecto, ha implicado incremento de costos de producción que no han tenido una retribución justa en el precio que paga el consumidor final. Es por ello, que AEBE junto con el Clúster Bananero y Asociaciones de Productores de Latinoamérica, emprendieron una campaña que exige la Responsabilidad Compartida de toda la cadena. ¿Cuáles son las innovaciones más importantes que ha ejecutado el sector? Se ha mejorado la eficiencia del gasto a través de adquisición de software que indican la cantidad exacta de productos que necesitan las plantas, la utilización de drones para mejorar la inspección de las hojas, etc. ¿Cuál es su lectura sobre el desempeño del sector bananero en el 2022? El sector, con el precio que se dio entre febrero y mayo, vivió un momento muy crítico. Hubo momentos en que algunos productores pensaron que era mejor producir algo diferente porque el precio estaba en un nivel que no se había visto en tres décadas. A más de los problemas de productividad y la interrupción de la cadena logística con la que se venía desde el 2020, se sumó el incremento del petróleo, del gas, el crecimiento de la inflación que llegó a dos dígitos en algunos países importantes para nuestro banano. Desde AEBE insistimos en la Responsabilidad Compartida en toda la cadena, por ello estamos con proyectos que ayuden a los pequeños y medianos productores, y desarrollamos estrategias de mercado de la fruta como el Banana Road Show 2022 que se presentará en París y Madrid, una estrategia diferente de mercadeo para que nuestro banano penetre en un mercado de mayor exigencia.