Ecuador ha debido enfrentar, al igual que otros países de la región, los impactos del cambio climático y sus efectos en los regímenes hídricos de los ríos que alimentan a la generación hidroeléctrica, que muestran comportamientos atípicos, distantes de las señales que arrojan los registros históricos de caudales, herramientas esenciales que venían utilizando los planificadores para el diseño de la expansión de generación, sobre todo en los países que cuentan con este recurso; y que hoy, frente a la nueva realidad climática, deben ser revisados y ajustados utilizando nuevas herramientas y modelos. También puedes leer: Las 10 monedas que dominan el mercado en el mundo en 2024 La generación hidroeléctrica forma parte del ADN energético de la región. La participación preponderante de la hidroelectricidad en la matriz eléctrica es una característica de la región dada la abundancia de este recurso, que ha sido aprovechado apenas en el 29% de su potencial. Es así como en el 2023, la generación hidroeléctrica representó el 40% de la capacidad instalada y el 46% de la energía producida y en algunos países esta participación fue mucho mayor, llegando en algunos casos a bordear el cien por ciento. En el caso particular de Ecuador, la difícil situación por la que atraviesa es el resultado de los efectos del cambio climático, pero también de la confluencia de una escasa inversión en generación que debió enfrentar el impacto de un crecimiento inusitado de la demanda por encima de los registros históricos. Las condiciones de sequía que han afectado a la producción hidroeléctrica en Ecuador, también se han presentado en otros países de la región. Hace poco, la sequía se hizo presente en algunos países del Cono Sur, que pudieron evitar racionamientos gracias al aporte de sus países vecinos. En Colombia la sequía llegó en un momento atípico afectando inclusive el suministro de agua potable de su capital. La reducción del nivel de sus embalses encendió las alarmas sobre posibles problemas de abastecimiento para fines de año, lo que motivó la adopción de medidas urgentes para la gestión de esos embalses, entre ellas la suspensión de las exportaciones. La disponibilidad de un importante parque térmico e incentivos por la reducción de consumo de industrias y comercios, han sido elementos que también han jugado a favor en este caso. Posibles soluciones Las soluciones para el mediano plazo que permitan asegurar el abastecimiento de la demanda, deben considerar las dos partes de la ecuación. Incrementar por un lado, la capacidad de generación diversificando las fuentes energéticas es primordial, pero también lo es trabajar sobre la demanda para reducir la tendencia de crecimiento mostrada en los últimos años. Esto último nos conduce al tratamiento de un tema de igual o mayor relevancia: la eficiencia en el uso de la energía. A partir de la pandemia que debimos enfrentar en el 2019 cuyos efectos se extendieron hasta el 2020, la región muestra un retroceso en los indicadores de eficiencia energética y eso debe llamarnos mucho a la meditación. Al parecer, la transición que está experimentando la región y la mayoría de sus países hacia economías más descarbonizadas con una mayor presencia de las energías renovables, concentró todos los esfuerzos o al menos una gran parte de ellos, en la producción de energía más limpia, descuidando otros aspectos igualmente importantes. Las lecciones que nos están dejando los procesos de transición que viven los países, nos dicen que es importante trabajar para la diversificación de la matriz energética a través de incorporación de energías renovables y el desarrollo de los nuevos vectores energéticos como son el almacenamiento de gran escala y el hidrógeno de bajas emisiones. Además, es crucial mejorar la transmisión, distribución y gestionar la demanda. En este sentido, OLADE viene trabajando en una propuesta para establecer una meta regional de eficiencia energética que permitirá que los países que quieran adherirse a ella de manera voluntaria puedan trabajar en espacios colaborativos para el diseño de planes y programas para el ahorro y uso eficiente de la energía, incluyendo la búsqueda conjunta de alternativas de financiamiento. Otro elemento importante para considerar es la importancia de la integración energética de la región, tema sobre el cual OLADE viene trabajando intensamente en coordinación con las iniciativas e instancias de integración que existen en la región. Un estudio reciente realizado por OLADE que incluye un análisis sobre la situación de los intercambios de electricidad entre los países de la región, llegó a determinar que los países con mayores niveles de integración física (interconexión eléctrica con sus vecinos) han podido amortiguar de mejor manera o evitar los efectos más críticos de sequías prolongadas, principalmente a nivel del Cono Sur. En este sentido, los anuncios sobre la construcción de la nueva interconexión eléctrica entre Ecuador y Perú constituyen una buena noticia, no solamente para los dos países sino para la región andina en general, que una vez que cuente con esta infraestructura estará en condiciones de poner en marcha el Mercado Andino Eléctrico Regional (MAER), cuya normativa ha sido recientemente aprobada por la Comunidad Andina. El MAER, que estará conformado en una primera etapa por Colombia, Ecuador y Perú, con la futura incorporación de Bolivia y Chile, permitirá aprovechar la complementariedad hidrológica que existe, principalmente entre Ecuador y Perú. OLADE considera necesario dar un paso adelante en el concepto de integración, pasando del esquema actual basado en relaciones bilaterales con exportación de excedentes, a un mercado regional de electricidad que permita dinamizar las inversiones y aprovechar en beneficio de todos los inmensos recursos energéticos que tiene la región. En este sentido ha lanzado una propuesta para trabajar en una planificación regional con la participación de todos los actores. Uno de los grandes retos que enfrenta la región para avanzar en este proceso, es la necesidad de atraer el financiamiento que se requiere, que principalmente vendrá por el lado del sector privado. Es indispensable que los países ajusten sus esquemas institucionales y normativos a la nueva realidad, generando condiciones mínimas de estabilidad y seguridad que busca la inversión privada para que pueda fluir. La presencia de políticas públicas con una visión de largo plazo, que trascienden a los tiempos políticos, es una forma de asegurar que los procesos no se vean interrumpidos, generando la confianza y la seguridad que todos los actores persiguen. Otro elemento esencial que contribuye con este propósito es el diálogo abierto y permanente entre los actores, tanto del sector público como del sector privado, y en este ámbito también OLADE viene trabajando intensamente. Con este objetivo ha constituido el Consejo Empresarial de OLADE, espacio en el que las principales empresas que trabajan en la región pueden compartir sus inquietudes y puntos de vista con las autoridades energéticas al más alto nivel. Al margen de las soluciones de corto plazo que son necesarias e indispensables en las actuales circunstancias, es necesario mirar hacia el mediano y largo plazo. Existen muchas experiencias, capacidades y lecciones aprendidas en la región que pueden ser asimiladas por Ecuador e incorporadas para la estructuración de sus políticas públicas, planes y programas, respetando sus propias realidades y condiciones internas. El trabajo colaborativo es esencial para avanzar en este camino. IX Semana de la Energía 2024, organizada por la OLADE Se celebrará en Asunción, Paraguay, del 28 de octubre al 1 de noviembre, y se posiciona como un evento clave para América Latina y el Caribe. Este encuentro congregará a los ministros y ministras de la región, así como a los actores relevantes del sector energético con el fin de debatir sobre los desafíos y oportunidades estratégicas que enfrenta la región. La reunión de ministros pondrá énfasis en temas como la cooperación regional, la integración energética y la sostenibilidad, abordando las políticas que cada país ha implementado para mantener la estabilidad energética y superar obstáculos estructurales. En este contexto, el encuentro ministerial busca consolidar alianzas estratégicas que fortalezcan la integración energética regional. El trabajo conjunto y la coordinación entre los países participantes son esenciales para garantizar un acceso equitativo y sostenible a la energía, promoviendo una transición hacia fuentes limpias y renovables. Asimismo, se abordarán los desafíos relacionados con el cambio climático y las fluctuaciones en los precios de los combustibles fósiles. La cooperación regional, más allá de la compartición de recursos, se convierte en un mecanismo para alcanzar un desarrollo energético más resiliente y alineado con las metas climáticas globales. La estabilidad energética de algunos países de la región, que han conseguido mantener una matriz energética diversificada y un marco regulatorio sólido, se presentará como un ejemplo a seguir. Por otro lado, países como Ecuador, que enfrentan grandes retos en el ámbito energético, podrían beneficiarse de estas discusiones para adoptar estrategias que permitan fortalecer su sector energético. En la reunión, se destacarán las lecciones aprendidas y las mejores prácticas para implementar modelos que aseguren la estabilidad y la resiliencia energética a largo plazo. También puedes leer: Ecuador se prepara para exportar leche alta en proteína a China Este encuentro también servirá como un espacio para analizar las experiencias de los países que han logrado avances en la diversificación de sus fuentes de energía y en la integración de políticas de sostenibilidad. Se espera que las políticas regionales sirvan a Ecuador y a otros países miembros de OLADE, promoviendo el fortalecimiento de los marcos regulatorios y la colaboración regional efectiva. La integración de energías renovables y el fomento de marcos regulatorios adaptativos al cambio climático serán temas cruciales en estas discusiones, permitiendo a los países participantes encontrar un equilibrio entre desarrollo económico y sostenibilidad ambiental. Además, se presenta como una oportunidad para que los ministros y expertos exploren mecanismos concretos que ayuden a los países de la región a superar las crisis energéticas. Al compartir información y recursos, los países pueden identificar y priorizar proyectos conjuntos que incrementen la resiliencia y la capacidad de respuesta ante crisis energéticas futuras. En suma, la IX Semana de la Energía en Asunción se perfila como un evento crucial para fomentar el diálogo, el intercambio de experiencias y la formulación de estrategias conjuntas que permitan a América Latina y el Caribe avanzar hacia un futuro energético más seguro, sostenible y cooperativo. Será una oportunidad para fortalecer las alianzas entre los países de la región.