Además, compartió la cultura organizacional de Mambo, una consultora que ha logrado que su equipo “quiera cambiar el mundo” sin dejar de cumplir con resultados de negocio. Bustamante arrancó con energía y humor, aclarando que Mambo no es una academia de baile, sino una comunidad convertida en consultora especializada en procesos de transformación organizacional a través de la empatía. “Somos una comunidad antes que una empresa”, afirmó con convicción. Desde esa filosofía se construye su EVP: una promesa que se transforma en experiencia cotidiana para sus colaboradores, los mamberos. El EVP, explicó Bustamante, es el punto de encuentro entre lo que una organización está dispuesta a ofrecer y lo que el talento desea recibir. “Ahí ocurre la magia”, dice. Su propósito es atraer, motivar y fidelizar al talento correcto, con coherencia entre lo que se promete y lo que se vive. ¿Cómo construir una EVP real? El caso de Mambo es revelador. Frente a la imposibilidad de competir con grandes corporaciones en términos de salario, optaron por diseñar una propuesta de valor más potente y auténtica. Primero exploraron a fondo qué valora su talento ideal: jóvenes top performers, cuestionadores y alineados con los valores mamberos. La remuneración, curiosamente, no estaba entre los primeros cinco atributos valorados. Con base en esta exploración, construyeron una EVP compuesta por cinco elementos clave: Cultura transversal Conexiones profundas Flexibilidad radical Desarrollo personal Bienestar holístico y propósito compartido Cada uno de estos pilares se traduce en prácticas reales: desde trabajar cuatro días a la semana y apoyar los emprendimientos personales de sus colaboradores, hasta rituales semanales que generan alineamiento emocional y profesional. Un ejemplo: la “reunión 6:12”, donde cierran la semana con reconocimiento y conexión. Asimismo, la cultura mambera está cargada de símbolos, dinámicas y experiencias que refuerzan los valores de la organización. Los Mambos, por ejemplo, son premios trimestrales donde se reconoce al colaborador que mejor ha vivido la cultura, no al que más vendió. También existen programas como “Adopta un mambero”, donde los embajadores de la marca sirven de mentores a nuevos talentos, o el Mambo Vintage Market, donde se intercambia ropa para fomentar el consumo consciente. Esteban Bustamante finalizó su ponencia mencionando que: “Esta receta funciona para Mambo, pero no significa que funcione igual para todos”. El mensaje no es copiar el modelo, sino asumir la responsabilidad de construir una propuesta de valor genuina, coherente con el propósito, alineada con el talento que se quiere atraer y capaz de traducirse en una experiencia interna auténtica.