La historia de Belmopán es, ante todo, una historia de resistencia. “Belmopán es una ciudad que se construyó después del huracán Hattie”, recordó Sheran Palacio, exalcaldesa de la capital de Belice, al abrir su intervención sobre ciudades y vivienda sostenible. Ese origen la convierte en un caso vivo de adaptación: una respuesta directa a la devastación climática que obligó a repensar cómo y dónde habitar. Desde ahí, su reflexión tomó forma. “Belmopán es un ejemplo ideal de lo que el cambio climático puede provocar y de lo que ya ha ocurrido”, afirmó. Diseñada en los años 60 con criterios que hoy llamaríamos resilientes, la ciudad fue concebida para resistir eventos extremos incluso antes de que el concepto de cambio climático estuviera instalado. Pero ninguna ciudad permanece estática. Con el paso de los años, Belmopán creció más allá de lo previsto, impulsada en gran medida por la migración regional. “Muchos de ellos se asentaron en la capital y sus alrededores”, explicó Palacio, al referirse a los flujos migratorios desde Guatemala y El Salvador. Ese crecimiento acelerado tensionó la planificación original y obligó a la ciudad a adaptarse sobre la marcha. Esa tensión entre diseño y realidad llevó a Belmopán a replantear su hoja de ruta. Hoy, la ciudad cuenta con lineamientos propios de acción climática, un hito a nivel nacional. “Mi ciudad es la única del país que ha elaborado sus propias directrices de acción climática”, destacó Palacio. Este instrumento no solo define prioridades, como la expansión de áreas verdes o la reforestación, sino también proyecta una meta ambiciosa: convertirse en una ciudad “neutra en carbono y resiliente”. En esa construcción, la gestión de residuos aparece como uno de los desafíos más complejos. Palacio dijo: “cuando se trata de la separación de basura, es necesario un cambio de mentalidad”. Aunque existen avances como estaciones de transferencia, persisten prácticas como la quema de desechos, evidenciando que la infraestructura por sí sola no basta sin transformación cultural. La sostenibilidad, en su visión, también se juega en lo cotidiano y en lo comunitario. Durante su gestión, la plantación de árboles y el cuidado de espacios públicos fueron prioritarios. “Promover la plantación de árboles fue una de mis prioridades… plantamos más de 300”, contó. A esto se suman iniciativas como huertos comunitarios y la vinculación de jóvenes en proyectos ambientales, con el objetivo de que las nuevas generaciones “se conviertan en defensores” del cambio. Otro eje importante es la vivienda. Lejos de tratarse solo de infraestructura, Palacio la ubica en el centro de la equidad social. “La vivienda… es una prioridad absoluta”, subrayó, destacando programas enfocados en madres solteras. Al mismo tiempo, insistió en la necesidad de construir con criterios adaptados al contexto climático: “sin duda deberían existir ciertos protocolos”, dijo, reconociendo que aún hay camino por recorrer en este frente. Hacia el cierre de su intervención, Palacio afirmó que convertirse en una ciudad sostenible “no tiene que ver con un logro puntual, sino con un compromiso diario”. Belmopán, hecha de decisiones políticas, participación ciudadana y aprendizajes constantes, busca consolidarse como modelo, sin perder de vista que, al final, todo empieza por algo tan simple y a la vez difícil como cambiar hábitos.