Ha pasado más de un siglo en el que no hay una representación igualiatiaria en los Premio Nobel. Es retórico -y a la vez inspirador- que, 122 años después se le haya otorgado por primera vez en solitario a una mujer el Premio Nobel de Economía por haber avanzado en la comprensión de los resultados que obtienen las mujeres en el mercado laboral. Su investigación se remonta a 200 años atrás, donde descubrió que la participación laboral de las mujeres no siguió una línea constante, sino que más bien se asemeja a una “U”. Esta curva refleja la influencia de la industrialización y las normas sociales que, en su momento, limitaron la participación de las mujeres en la fuerza laboral. Y que lo continúa haciendo hasta el momento. “Los trabajos tradicionalmente femeninos, como la enfermería y la enseñanza, a menudo están subvalorados y peor remunerados en comparación con trabajos relacionados con habilidades ‘masculinas’. Esta percepción de género ha persistido durante mucho tiempo y contribuye a la disparidad salarial”, asegura la economista y financiera Tatiana Macías.En sus resultados también destacó que las mujeres, a pesar de lograr puestos importantes, todavía enfrentan obstáculos, como las penalizaciones económicas que enfrentan las mujeres, especialmente relacionadas con la maternidad y el matrimonio. “Si una pareja tiene hijos que requieren cuidados, uno de los miembros de la pareja se suele responsabilizar de atender sus necesidades en casa, mientras que el otro está más pendiente de las necesidades del trabajo. Por lo general, de manera desproporcionada las mujeres han asumido el papel de atender las necesidades del hogar, y los hombres han estado más volcados en el trabajo”, defendía Claudia. Respecto a la maternidad, Susana Herrero Olarte, postdoctorado en desigualdades en Latinoamérica y doctora en economía aplicada, considera que puede ser un obstáculo significativo en la carrera de las mujeres y contribuye a la brecha salarial de género. “A menudo, las mujeres se ven forzadas a tomar decisiones profesionales que les permitan conciliar su trabajo con las responsabilidades familiares”. Tatiana, por otro lado, señala que los trabajos tradicionalmente femeninos, como la enfermería y la enseñanza, a menudo están subvalorados y peor remunerados en comparación con trabajos relacionados con habilidades ‘masculinas’. “Esta percepción de género ha persistido durante mucho tiempo y contribuye a la disparidad salarial”. Las dos economistas aseguran que esta investigación pone en relieve el impacto de los roles tradicionales de género en la sociedad y cuestiona la valoración del trabajo realizado por hombres y mujeres. Por tal razón, es esencial repensar los roles tradicionales de género en la familia y reconocer el valor del trabajo no remunerado que históricamente han realizado las mujeres. Esto es fundamental para avanzar hacia una sociedad más igualitaria y justa. El mensaje del Premio Nobel de Economía para Claudia Goldin, es claro: debemos abordar estas cuestiones económicas y sociales para construir un futuro más equitativo. Y no representa un logro para el género femenino, sino que también rinde homenaje a la inspiración que representa. Su investigación es un llamado de atención. Nos recuerda que la maternidad, el derecho al aborto y el trabajo doméstico han roto la supremacía de las investigaciones económicas convencionales que han sido reconocidas y galardonadas durante décadas. Goldin ha iluminado una verdad incómoda: la economía, por sí sola, no garantiza la igualdad de género. Claudia Goldin no solo es una economista, sino una narradora de historias silenciadas, y su historia es la de un camino hacia un mundo más igualitario y justo. Su influencia brillará como un faro de esperanza en un futuro donde las mujeres lideran y prosperan en todos los ámbitos de la vida. Más de un siglo sin una representación igualitaria Antes de morir, el reconocido químico, ingeniero, escritor e inventor sueco, Alfred Nobel, pidió en su testamento que su fortuna sea invertida y destinada a la creación de los Premios Nobel, con el fin de reconocer a los “bienhechores de la humanidad” y a las investigaciones en las categorías de Física, Química, Medicina, Literatura, Paz. Este deseo, indudablemente, se cumplió y, hasta la actualidad, casi mil personas han recibido este reconocimiento. Sin embargo, Alfred no hizo distinciones de a quien se les debería otorgar el premio, pero una sociedad que -en su mayoría- invisibiliza el talento femenino ha sido la responsable de que hoy, tan solo el 6% de los galardones les corresponda a las mujeres. Desde 1901 el Premio Nobel ha sido otorgado a casi mil personas, de las cuales 905 son hombres y las mujeres representan tan solo 65 galardones. En las categorías científicas, este poco reconocimiento es aún más alarmante: en las categorías de medicina, física y química, solo ha habido 26 mujeres premiadas en toda la historia, mientras que 620 han sido otorgados a los hombres. Y es que si bien en los últimos diez años ha aumentado la cantidad de mujeres que han obtenido esta distinción, hasta el día de hoy existeble una gigantesca brecha de género. El Premio Nobel de la Paz y el Premio Nobel de Literatura son, con diferencia, las dos categorías con mayor cantidad de mujeres premiadas con 19 y 17 premios, respectivamente. La física y química polaca que llevó a cabo una investigación pionera sobre la radiactividad, Marie Curie, se convirtió en la primera mujer en obtener un Premio Nobel en 1903. Ocho años después, Curie ganó el Premio Nobel de Química, convirtiéndose en la única mujer en la historia en tener este reconocimiento dos veces. Aunque históricamente las mujeres han sido parte de diversos descubrimientos científicos, según la ONU, solo el 30% de los investigadores y el 35% de los estudiantes en los campos de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas (STEM) en todo el mundo son mujeres.