Cada año, el mundo produce cerca de 460 millones de toneladas de plástico, la mitad de ellas destinadas a productos de un solo uso. Menos del 10% se recicla; el resto termina acumulándose en vertederos, degradándose en microplásticos y contaminando océanos, suelos y aire. La OCDE advierte que, si no actuamos, el consumo mundial de plásticos podría triplicarse para 2060. Hace 15 años, Sandra Pascoe Ortíz, ingeniera química y profesora investigadora de la Universidad del Valle de Atemajac en Guadalajara, escuchó la propuesta de sus estudiantes para un proyecto de fin de curso: Crear plástico a partir de un cactus. Aunque al inicio los intentos fallaron y los alumnos abandonaron la idea, Sandra se negó a rendirse, convencida del potencial del nopal, dedicó años de pruebas y errores hasta dar con la fórmula correcta: un bioplástico elaborado con el jugo de nopal, rico en azúcares y mucílagos, capaz de formar polímeros naturales. En 2014, su innovación obtuvo la patente del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial. También puedes leer: Quito inaugura la primera planta piloto de reciclaje de escombros del país Beneficios del plástico de jugo de nopal Biodegradabilidad: desaparece en el agua en tan solo una semana y en tierra en un máximo de tres meses. Fuente renovable: el nopal es abundante, crece rápido y vuelve a regenerarse tras su cosecha. Baja huella de carbono: su producción genera menos emisiones de CO2 que los plásticos convencionales. Aplicaciones múltiples: bolsas, empaques, envoltorios, utensilios de un solo uso e incluso productos textiles. Desarrollo local: impulsa la economía de comunidades rurales donde el cultivo del nopal es tradición. Limitaciones: no puede soportar grandes pesos ni contener líquidos gaseosos. Escalar la producción a nivel industrial también requiere financiamiento y alianzas con empresas. El plástico biodegradable hecho con jugo de nopal se consolida como una alternativa viable a los plásticos de un solo uso. Sin embargo, especialistas coinciden en que su aplicación a gran escala dependerá de la optimización de su resistencia mecánica y de la consolidación de alianzas industriales que permitan su producción masiva sin comprometer sus propiedades ecológicas.