Detrás de cada póliza de vida, salud o auto existe una arquitectura técnica que sostiene su promesa: pagar cuando ocurre lo inesperado. En el centro de esa estructura están las ciencias actuariales, una disciplina que, aunque poco visible, resulta esencial para la estabilidad y sostenibilidad de las aseguradoras. “El actuario es quien permite que una compañía navegue con rumbo firme y llegue a puerto seguro”, resume Rodrigo Ibarra, presidente de Actuaria, una firma especializada en consultoría actuarial. Los actuarios no solo calculan primas. Evalúan riesgos, construyen modelos predictivos con base en datos estadísticos, elaboran reservas técnicas y definen estrategias para enfrentar escenarios adversos. Gracias a ellos, las primas son “justas y suficientes”: ni excesivas para el cliente, ni insuficientes para la solvencia de la empresa. Su rol cobra mayor peso en tiempos de incertidumbre, como lo demuestra el auge de seguros cibernéticos, médicos o de rentas vitalicias. Ibarra destaca que el sector asegurador ecuatoriano ha profesionalizado su gestión en los últimos años, evitando casos de insolvencia que antes eran frecuentes. No obstante, el mercado sigue siendo pequeño: las primas apenas representan el 2 % del PIB, frente al 10 % en países desarrollados. “Todavía hay mucho por crecer, especialmente en ramos de salud, vida y tecnología”, afirma. También te puede interesar: Microseguros en Ecuador: pequeñas primas, gran impacto La inteligencia artificial ya se incorpora al trabajo actuarial. Modelos predictivos permiten anticipar el impacto del envejecimiento poblacional en la siniestralidad médica o los efectos de la criminalidad en seguros vehiculares. También ayudan a ajustar primas en función de nuevas variables de riesgo, como el uso, la marca del vehículo o el perfil del conductor. Con la futura implementación de normativas internacionales como Solvencia II e IFRS 17, el papel del actuario será aún más crucial. “Es un campo con alta demanda y gran futuro para jóvenes con formación matemática”, sostiene Ibarra. En un entorno donde los riesgos son cambiantes y complejos, las ciencias actuariales siguen siendo el timón silencioso que da dirección y equilibrio a toda la industria aseguradora.