En un mundo donde los principios clásicos de la economía —como la escasez de recursos de Adam Smith— se desdibujan frente al poder de los datos y la tecnología, Steve Ramírez, Marketing Analyst de ManageEngine, planteó una reflexión durante su intervención en el Ekos AI Business Summit. Ramírez abordó la ciberseguridad como una arista clave del nuevo paradigma tecnológico, con un llamado urgente a las empresas: incorporar la ética como habilitador esencial de la inteligencia artificial. "Ya no importa tanto tener activos o capital, sino tener acceso a data y tecnología", dijo Ramírez. La charla que mezcló humor, referencias culturales (como el recordado auto Kit de El auto fantástico) y una lectura aguda del contexto empresarial actual. Su visión parte de una premisa potente: hemos pasado de una economía de recursos finitos a una basada en activos infinitos, como la información, lo que transforma radicalmente la manera en que operan las organizaciones. Los tres beneficios concretos de la IA Ramírez identificó tres áreas donde la inteligencia artificial ya está generando valor tangible: Optimización de cadenas de suministro: desde la planificación de demanda hasta la personalización de productos. Explotación de información contenida y subutilizada: especialmente en sectores como salud, legal y crédito. Creación de productos digitales o mejoramiento de productos físicos: como el caso de Vitality, que combina data y bienestar. Pero también advirtió que para aprovechar estos beneficios se requieren cuatro habilitadores fundamentales: estrategia, cultura, data y creación de valor. En cuanto a estrategia, subrayó que el cambio tecnológico es hoy el factor más determinante en la transformación de negocios. En lo cultural, apuntó a una realidad incómoda para muchas empresas ecuatorianas: la burocracia. “En esto hay que atreverse. El que no se mete en el agua, se va a equivocar”, dijo, citando a Peter Drucker y hasta a su propio abuelo: "Hay que emborracharse de IA, no leerla desde el diccionario". Sobre la data, Ramírez recalcó que, sin una arquitectura sólida y bien entrenada, los agentes de IA pueden “alucinar”, es decir, desinformar y desviar el rumbo del negocio. Finalmente, insistió en que los proyectos de IA deben medirse por el valor que generan, no solo por la eficiencia que prometen. También hizo una advertencia sobre los riesgos éticos de la inteligencia artificial: la economía de la atención, la hipervigilancia, la manipulación política y la automatización desmedida. Ramírez recordó que la IA puede convertirse fácilmente en un catalizador de desigualdad, destrucción ambiental y desinformación si no se orienta con responsabilidad. “El que domine la inteligencia artificial dominará el mundo”, citó, parafraseando a Vladimir Putin, y contrastó esa visión con una propuesta más humana: reconfigurar los objetivos empresariales tradicionales (vender, rentabilizar, crecer) y complementarlos con cuidar al consumidor, distribuir riqueza y sostener el entorno ecológico. Las tres C’s: conciencia, compasión y conexión Para Ramírez, el futuro empresarial debe abrazar las tres C’s: conciencia, compasión y conexión. “El deseo más profundo del ser humano es compartir”, dijo, citando a los cabalistas, y apeló al espíritu ético de los líderes presentes para dirigir la IA con sensibilidad social y propósito colectivo. Cerró su charla con una frase del físico Albert Einstein que resonó con fuerza entre los asistentes: “El espíritu humano debe prevalecer sobre la tecnología”. En tiempos de algoritmos imparables, la intervención de Steve Ramírez fue un recordatorio necesario de que, más allá del código, son las decisiones humanas las que definirán el rumbo de la inteligencia artificial y su impacto en la humanidad.