En las faldas de las montañas de Helan, localizadas en el centro-norte de China, se encuentra el desierto del Gobi, parte de la Región Autónoma Hui de Ningxia que ha adquirido relevancia en el mapamundi enológico. La idea surgió de cambiar la perspectiva de esta región, emprendedores como Emma Ding, encontraron en la falta de un vino de calidad, capaz de expresar la cultura china, una oportunidad para establecer su propia bodega en el país. Por tal razón, funda la marca Jade Vineyard, la cual ha obtenido premios internacionales por su calidad. Si bien la elaboración de vino empezó en la antigua China hace dos milenios, no es hasta la década de 1980 que se puede hablar de una industria vinícola en el país. En 1984, como parte de una estrategia nacional de lucha contra la desertificación y la pobreza, la ladera oriental de las montañas Helan fue uno de los primeros lugares a nivel nacional en los que se plantaron vides para producir vino. Antes, el desierto del Gobi era sinónimo de desolación y abandono; hoy, este lugar se destaca por tener un suelo rico en minerales, apoyado por su larga exposición del sol (más 3000 horas de sol anuales) y la altitud de la región (1.000 metros). Esta zona ahora es conocida como la Burdeos de China. Según el informe de 2020 de la Organización Internacional del Viña y Vino (OIV, por sus siglas en inglés), China es el segundo país con la mayor superficie de viñedos cultivados del mundo (855.000 hectáreas), solo por detrás de España (966.000 hectáreas). A pesar de tener una superficie amplia, más de la mitad de esta área se destina a la producción de uvas de mesa, por lo que en el listado internacional de elaboración de vinos ocupa el décimo puesto (el líder es Italia). El 60% de los vinos chinos proviene de las 211 bodegas de esta región autónoma, que tiene una capacidad anual de 130 millones de botellas, sus principales de exportación destinos son Estados Unidos, Australia y Reino Unido. Fuente: El País