Según informaron autoridades científicas, el país asiático mantiene su objetivo de concretar su primer alunizaje tripulado antes de 2030 como parte de esta estrategia de largo plazo. Durante un simposio realizado en el Laboratorio de Exploración del Espacio Profundo (DSEL), el académico Chen Jie, del Instituto de Tecnología de Harbin, detalló que la ILRS se apoya en tres pilares tecnológicos: la explotación de recursos lunares in situ, la manufactura mediante enjambres de robots y la operación completamente autónoma de la base. Esta visión busca reducir al mínimo la dependencia de suministros desde la Tierra y garantizar una presencia sostenible en el entorno lunar. Uno de los avances más destacados es el desarrollo, por parte del DSEL, de un sistema de impresión 3D capaz de utilizar regolito lunar como materia prima para fabricar ladrillos, componentes estructurales y fibras ultra finas. Esta tecnología permitiría levantar infraestructuras directamente con materiales del propio satélite, abaratando costos y elevando la viabilidad de la construcción de la estación. Expertos citados en el informe subrayan que la cooperación de robots heterogéneos con “inteligencia colectiva” será clave para operar en el hostil ambiente de la Luna, caracterizado por alto vacío, intensa radiación y polvo cargado. Enjambres de máquinas dotadas de algoritmos avanzados asumirían tareas de ensamblaje, mantenimiento y exploración, reduciendo el riesgo para futuras tripulaciones humanas. El plan maestro prevé que la ILRS se construya en dos etapas: primero, un modelo básico en el polo sur lunar hacia 2035, y posteriormente una expansión en la década de 2040 que consolidaría un complejo científico de mayor escala. Hasta abril de 2025, un total de 17 países y más de 50 instituciones de investigación internacional se han adherido al proyecto, lo que perfila a la estación como un nuevo eje de cooperación global en la exploración del espacio profundo.