Chile ha sido ampliamente reconocido por la diversificación de su matriz energética, cumpliendo con una serie de compromisos internacionales y en particular en plena sintonía con el Objetivo de Desarrollo Sostenible Número 7 del PNUD, que busca garantizar el acceso a una energía asequible, segura, sostenible y moderna para todos.<br /> <br /> En este sentido, Chile cuenta con ventajas comparativas para la generación de energía solar con un desierto de Atacama, cuya superficie de más de 105.000 km2, tiene una gran radiación siendo un escenario perfecto para la generación eléctrica en base a energía solar, como la fotovoltaica y la solar-térmica. También, distribuidos de norte a sur, el país cuenta con una gran cantidad de lugares apropiados para la generación eléctrica en base a la fuerza del viento, generación eólica. Chile tendría potencial de 40 GW para energía eólica, 1.640 GW para el caso solar fotovoltaico y 552 GW para la termoeléctrica de concentración solar, lo que es 100 veces más de la capacidad instalada en el Sistema Eléctrico Nacional.<br /> <br /> Este gran potencial, sumado a un férreo compromiso gubernamental y a un apropiado ambiente de negocios para la inversión, provocó que en la última versión del New Energy Finance Climascope, elaborado por Bloomberg New Energy Finance y el Banco Interamericano de Desarrollo, Chile alcanzará el primer lugar en inversión de energías renovables y en la lucha contra el cambio climático en la región de América Latina y el Caribe. Todo lo anterior no es casual, Chile no solo ha sido uno de los primeros países en introducir un requerimiento mínimo de generación en la matriz eléctrica con energías renovables; sino que ha liderado el análisis y desarrollo de instrumentos que permitan ir adaptando la economía a una nueva realidad global, de mayores restricciones a las emisiones de CO2.<br /> <br /> En 2010, el Gobierno asumió el compromiso de estudiar y desarrollar mecanismos de mercado para el precio del CO2, sumándose a la iniciativa Partnership for Market Readiness, que cuenta con el apoyo del Banco Mundial. Por tal motivo, por medio del Ministerio de Energía, postuló para acceder a financiamiento y en 2013 recibió tres millones de dólares en modalidad de donación. El objetivo era implementar la primera fase (2015 - 2017), que buscó desarrollar la institucionalidad y abordar externalidades socio–ambientales, y también potenciar el cumplimiento de compromisos nacionales de mitigación.<br /> <br /> A lo anterior se suma el rol activo del país en materia de cambio climático. Es suscriptor del Acuerdo de París por el alto nivel de socialización sobre los desafíos del cambio climático y sobre todo será la próxima sede de la COP25 en noviembre de este año.<br /> <br /> Panamá por su parte, es el punto de inicio del Sistema de Interconexión Eléctrica para Países de América Central (SIEPAC). Además, cuenta con la Ley 6 de 1997, posteriores cuerpos normativos y un ambicioso Plan Nacional de Energía 2015 - 2050; donde se estableció una meta de diversificación de su matriz energética para 2050 y se busca alcanzar un 70% de fuentes renovables, con énfasis en la energía solar y eólica, y con una capacidad de 5,153 MW. En los últimos 10 años, Panamá ha experimentado una tasa anual de crecimiento del consumo eléctrico de 5.7%, donde los sectores comercial y residencial lideran este aumento con una tasa anual conjunta de 6.2% entre 2006 y 2018.<br /> <br /> Con todo lo expuesto, en América Central, la Integración Energética del Mercado Eléctrico Regional refleja aumentos en el volumen de transacciones, entre sus países miembros; pero quedan muchas cosas por resolver en este escenario, que sin duda para Panamá y la Subregión (Centro América y El Caribe) ha traído beneficios importantes. Es decir, la Integración Regional abre una gama de posibilidades interesantes para que Panamá se convierta en un hub, también en el ámbito energético.<br /> <br /> Alcanzar una matriz limpia es un desafío global y requiere esfuerzos colaborativos. Chile y Panamá pueden converger en sus modelos de negocios, la forma de materializar proyectos, normativas y avanzar en conjunto hacia energías limpias; a un menor costo y que maximicen las ventajas competitivas y comparativas de cada país, en beneficio de los usuarios finales del sistema.<br /> <br /> Fuente: Forbes México<br /> <br />