Entre las calles del elegante distrito 10 de París, cerca de la Plaza de la República y el Canal Saint-Martin, un aroma a nostalgia ecuatoriana mezclado con la precisión de la alta cocina francesa atrae a parisinos y turistas. Se trata de Vertueux, el restaurante del chef Raúl Meza Espinel, un ecuatoriano de 36 años que está revolucionando el panorama gastronómico local. Meza no llegó a la cocina por casualidad. Con una sólida carrera en templos gastronómicos como Maison Rostang, Senderens y L'Orangerie este último en el lujoso hotel George V, el chef acumuló años de experiencia en técnicas francesas de alto nivel. Sin embargo, fue en 2015, durante un viaje a Ecuador, donde redescubrió los sabores de su tierra natal. "Mi esposa me enseñó a ser ecuatoriano", confiesa Meza. "Ella me mostró el sabor de un buen encebollado, un ceviche de concha en Esmeraldas y hasta las quesadillas de San Juan". El restaurante, cuyo nombre se traduce como "virtud", busca equilibrar ambas culturas en su propuesta bistronómica. "No queremos ser un restaurante tradicional ecuatoriano, sino un lugar donde un francés pueda descubrir sabores nuevos a través de técnicas familiares", explica Meza. Platos como el tiradito de atún con tamarillo, la langosta azul al ajillo con risotto* o el postre Plátano Choco son ejemplos de esta fusión que ha seducido incluso al crítico del periódico Le Figaro, que en junio de 2025 otorgó al local 2 toques de chef (sobre 3). También puedes leer: La mujer más rica del mundo inaugura escuela de medicina con enfoque integral y arte El reconocimiento no se hizo esperar. Tras la publicación de la reseña, el restaurante pasó de servir 30 personas por noche a llenar 75 cubiertos diarios. "Antes del 15 de julio fue horrible, teníamos muy pocos clientes", recuerda Meza. "Ahora la gente repite, algunos han venido tres o cuatro veces". El crecimiento también se reflejó en su equipo: de 10 empleados iniciales a 15 en solo tres meses. Para Meza, Vertueux es también un proyecto personal que refleja su propia historia como migrante. Llegó a Francia a los 11 años, sin hablar francés, y estudió en clases para "no francófonos". Hoy, su cocina es un homenaje a ese viaje de ida y vuelta. "Ecuador tiene productos increíbles que no están siendo explotados a nivel global como los de Perú o Colombia. Quiero cambiar eso", asegura.