El miske ecuatoriano gana espacio en la industria internacional de bebidas espirituosas. Chawar Blanco y Chawar Cotopaxi Ediciones obtuvieron Medallas de Plata en el San Francisco World Spirits Competition 2026, certamen en el que fueron evaluados junto con miles de destilados procedentes de las principales regiones productoras del mundo. La historia de la marca comenzó hace ocho años, cuando Eliot Logan-Hines, fundador de Chawar, descubrió el potencial del chawarmishki, la savia dulce del agave andino o penco. Tras participar anteriormente en proyectos vinculados con la guayusa y la conservación de la biodiversidad, conoció en Cayambe a un grupo de mujeres que mantenía viva esta práctica ancestral. “Descubrí una tradición profundamente ecuatoriana que tenía el potencial de convertirse en un producto de alcance mundial. A partir de ese momento comenzamos a experimentar hasta desarrollar una receta y construir nuestra propia destilería”, explica Logan-Hines. Te puede interesar: ASUS y ROG transforman la productividad y el gaming en Ecuador con el lanzamiento de dos productos A diferencia de otros destilados de agave, como el tequila o el mezcal, el miske se produce a partir de la savia extraída de la planta, sin necesidad de cortarla y cocinarla. Esta característica forma parte de una tradición propia de las comunidades andinas y fue uno de los elementos que sustentaron la obtención de la Denominación de Origen del miske en 2023. Chawar trabaja con productores locales, principalmente mujeres indígenas que han transmitido durante generaciones los conocimientos relacionados con la cosecha del chawarmishki. El modelo genera ingresos complementarios para las familias rurales y contribuye a que las nuevas generaciones valoren una actividad que estuvo cerca de perderse. “Al comienzo, algunos jóvenes sentían que esta era una práctica de sus abuelos. Hoy ven que el producto se comercializa en Estados Unidos, obtiene reconocimientos internacionales y genera ingresos. Eso ha permitido recuperar el orgullo por esta tradición”, señala el fundador. La propuesta también incorpora un componente ambiental. El cultivo y aprovechamiento sostenible del penco permite dar valor a ecosistemas áridos de la Sierra, conservar el paisaje andino y proteger zonas relevantes para las cuencas de agua. Detrás del proceso productivo está Elizabeth Guagrilla, maestra destiladora de Chawar. Antes de ingresar a la empresa trabajaba como profesora de niños de prekínder. La instalación de la destilería frente a su casa, en Yaruquí, despertó su curiosidad y la llevó a incorporarse inicialmente como ayudante. “Me interesó descubrir que una materia prima que estaba perdiéndose podía transformarse en un producto de calidad. También vi la oportunidad de recuperar una tradición de nuestros abuelos y transmitirla a las siguientes generaciones”, recuerda Guagrilla. Durante ocho años, la maestra destiladora ha fortalecido sus conocimientos sobre fermentación, destilación y rectificación. El proceso comienza con una fermentación de entre cuatro y cinco días y continúa con dos etapas de destilación, mediante las cuales se perfeccionan el aroma, el sabor y la apariencia del producto. “Es una gran satisfacción saber que el trabajo, la pasión y el cuidado que ponemos diariamente son reconocidos dentro y fuera del país. Aunque las personas no siempre conozcan quién está detrás de la botella, sí pueden apreciar la calidad del destilado”, afirma. También puedes leer: Apple sube precios de Mac y iPad por la escasez de chips impulsada por la inteligencia artificial Actualmente, la destilería tiene capacidad para producir alrededor de 10.000 litros al año y opera cerca de su máximo nivel. La marca comercializa sus productos en Ecuador y Estados Unidos, mientras analiza su expansión hacia nuevas ciudades y mercados internacionales. Desde su creación, el proyecto ha levantado cerca de USD 1 millón y aspira a alcanzar USD 1 millón en ventas en 2028. Para Logan-Hines, las medallas confirman que Ecuador puede competir en la categoría de destilados premium. “Este reconocimiento demuestra que el miske ecuatoriano puede estar al nivel de los mejores destilados del mundo. También permite que los consumidores valoren un producto vinculado con nuestra tierra, nuestra cultura y una tradición ancestral”, sostiene. Guagrilla resume el significado del proyecto desde su experiencia en la destilería: “Dentro de cada botella no solo hay un licor. También están nuestros saberes, nuestra herencia y la memoria de nuestros abuelos. Es una experiencia que lleva un pedacito de Yaruquí y del Ecuador al mundo”. (I) Por: Andrés Calvopiña