Desde su rol como CEO de Saludsa, una de las compañías más influyentes en el ámbito de la salud en Ecuador, Izurieta ha demostrado que es posible alinear resultados de negocio con bienestar social, innovación con empatía, y rendimiento con sentido humano. Su historia en la empresa empezó en 1993, año de la fundación de Saludsa, y desde 2007 ocupa la posición más alta en la estructura organizacional. Más que un cargo, Eduardo asume su función como una responsabilidad vital, una extensión de su filosofía personal. “Nuestra razón de ser es lograr que nuestros clientes estén más sanos”, es una frase que repite con convicción y que resume la brújula que guía cada decisión dentro de la organización. VITALITY, LA DISRUPCIÓN Para llevar ese propósito a la acción, Saludsa trajó al Ecuador Vitality, un programa integral que promueve el bienestar físico, emocional y mental. A diferencia de muchas organizaciones que enuncian grandes ideales sin mecanismos concretos para aterrizarlos, esta iniciativa se vive de forma transversal: desde los programas de capacitación, las inducciones, la atención al cliente y la propia vida cotidiana del CEO. Eduardo lidera con el ejemplo. Está en la categoría Platinum dentro del programa Vitality, con más de 28.000 puntos acumulados, resultado de una rutina constante de ejercicio físico que considera su espacio de meditación. “Entreno cinco o seis días por semana. El deporte me ayuda a mantener el enfoque y reducir el estrés”, afirma. Izurieta no practica un solo deporte: juega golf, pádel y hace pesas. Aunque no se considera el mejor en ninguno, sostiene que su fortaleza está en la constancia. Esa misma tenacidad es la que exige a su equipo, a quienes admira profundamente. “Esta empresa la construyen ellos. Yo tengo el privilegio de liderarla”, dice. Reconoce que aprende continuamente de ellos, incluso de aquellos que no reportan directamente a él, y valora la excelencia con la que se trabaja en cada área. Uno de los grandes activos de Saludsa es su reputación como empleador. Aunque no fue un objetivo explícito en la estrategia de marca, ha sido una consecuencia natural del ambiente que se ha cultivado. Muchas personas aspiran a ser parte de la empresa no solo por sus beneficios, sino porque sienten que allí pueden crecer, aprender y dejar huella. Para Eduardo, este es uno de los mayores logros: “Más allá de la rentabilidad, quiero dejar un legado. Si logramos que más personas se activen físicamente, que mejoren su alimentación y su salud, estamos cumpliendo nuestro propósito”. DISCIPLINA Y APERTURA Izurieta cree en el valor del error como parte del aprendizaje. “Toleramos los errores si vienen acompañados de reflexión. Lo que no soporto son las excusas”, afirma con firmeza. En su estilo de liderazgo hay una mezcla de disciplina y apertura: exige compromiso, pero ofrece libertad; pide resultados, pero permite experimentar. La clave, sostiene, es aprender rápido, corregir rápido y evitar la terquedad. En esa línea, ha promovido un modelo laboral flexible, donde cada colaborador puede decidir si trabaja desde casa o en la oficina. Sin embargo, tras varios años con esta modalidad, Eduardo reconoce que la virtualidad ha traído retos para la innovación, la cultura organizacional y el sentido de comunidad. Por eso, en los próximos meses implementará ajustes que mantengan la libertad, pero fortalezcan la conexión entre equipos y recuperen la riqueza de las conversaciones informales que antes ocurrían de forma espontánea en los pasillos. La pandemia marcó un antes y un después en su visión. Más allá del impacto empresarial, dejó aprendizajes personales profundos: la importancia de adaptarse con rapidez, el valor de los pequeños momentos con la familia y la certeza de que siempre hay salida, incluso cuando todo parece colapsar. “En dos semanas hicimos cambios que antes creíamos imposibles en un año”, recuerda. Dentro de su trayectoria, el desarrollo de Vitality es su mayor orgullo. Pero también valora haber superado momentos extremadamente difíciles, como la crisis financiera del 2000 o los primeros años de inestabilidad económica. “He tenido miedo. En 1997, recién casado, temí quedarme sin trabajo. En la dolarización, sentí que el mundo se venía abajo. Pero uno aprende, sobrevive y crece”, relata. Hoy, en cambio, asegura que no tiene miedo, sino ilusión. Cada problema lo ve como una oportunidad para mejorar. Esa madurez también se ha traducido en autoconocimiento. Reconoce que su temperamento fuerte le ha jugado en contra en el pasado. “Mis peores errores han sido decisiones tomadas en caliente. Ahora, cuando me enojo, respiro y me calmo antes de actuar”, confiesa. LOS RETOS Para 2025, los desafíos son ambiciosos: consolidar Vitality, mejorar el servicio al cliente, avanzar en internacionalización y liderar una transformación profunda con inteligencia artificial. “Estoy convencido de que si no hacemos un giro de 180 grados hacia la IA, nos vamos a quedar atrás. Esto va mucho más allá de preguntarle algo a ChatGPT. Hay que rediseñar procesos completos”. Bajo la guía de Eduardo, Saludsa se ha consolidado como una empresa rentable y sostenible, y como un espacio donde las personas se transforman. Y ese, quizás, sea el mayor aporte de su legado. Por: Sofía Chávez Tamayo Fotos: Vicente Costales y Cortesía Saludsa