Se puede definir al centro como un espacio con patrimonio difuso, disperso y de muchos orígenes, que radica más en lo histórico que en lo funcional, pero que en realidad es una zona que es más que una simple definición. Desde la institucionalización del listado de los sitios patrimoniales mundiales realizado por la UNESCO, Quito fue nombrado parte en 1978; pero no se había debatido tanto de patrimonio como hasta hoy, y es que nunca se había destruido tanto como ahora. Esta destrucción -de manera general y a nivel mundial- se realiza de forma masiva, selectiva y variada, sea por bombardeos, turismo o vaciamiento social. La guerra, el mercado, las políticas -o la ausencia de ellas- la tecnología, el cambio climático o el parricidio, es decir, la muerte de todo lo ascendiente o la decolonialidad, son los eventos que hoy están acabando con el patrimonio. El patrimonio es menos un objeto y más un proceso sucesorio; es propiedad, lo cual siempre lo relaciona al poder y a sus portadores: los sujetos patrimoniales que delinean ámbitos del conflicto social. Por eso, es evidente la necesidad de un cambio de paradigma en los estudios patrimoniales. ¿Qué sucede con el centro histórico de Quito? Pasando de ser un espacio considerado por sus atributos, a ser entendido por sus relaciones sociales, podemos definir al centro histórico de Quito como “un conjunto monumental” con una alta densidad de historia. Ahora bien, si se considera que toda ciudad y todo lo que contiene provienen de procesos históricos, se puede concluir que todo lo existente en la ciudad es patrimonial. Si toda centralidad es histórica y todo lo que contiene posee valor patrimonial; esto genera un conflicto de heredad en la centralidad histórica fundacional, que se materializa en la diversidad de los sujetos patrimoniales. En este contexto, las políticas de patrimonialización son fundamentales y tienen dos puntos de partida: mantener a la conservación como eje principal -induciendo así al fin de la historia y evocando al pasado- sustituyendo esta conservación por el concepto de la heredad productiva, que busca la transmisión democrática del patrimonio. Y, por otra parte del proceso, está producir valor de historia, lo que se traduce en sumar más tiempo al pasado. Quito, una herencia turística: En el caso de Quito, su proceso histórico fundacional se asienta en el ´casco viejo´, que es lo que fue toda la ciudad al momento de ser fundada. Luego, con su especialización, se transformó en una centralidad llena de conflictos, como el de la tugurización, término que se refiere a ´hacer de lo antiguo algo histórico´. Este proceso provoca el estigma y el deterioro del espacio popular, un fenómeno que es notorio en espacios como San Roque, la Av. 24 de Mayo, la Marín o El Tejar.Después, por la acción del mercado, Quito inicia un proceso de boutiquización y turistificación, que potencia el patrimonio del mercado en sectores destinados al turismo y a la acción inmobiliaria. En la relación ciudad y turismo cabe reconocer que el turismo contamina. La turistificación de Barcelona, Venecia o el Cusco lo testimonian. En este tipo de centralidad fundacional, se revaloriza el valor de la historia al colocar al pasado como presente; por lo que, en consecuencia, prioriza un turismo de contemplación. Este es el caso del Centro Histórico de Quito, un lugar en el que toman fuerza los museos y los centros culturales, así como el discurso simbólico de lo nacional, favoreciendo al espectador y el espectáculo, en una lógica de “postal”. Por su parte, “el hipercentro” o la centralidad de los negocios, prioriza el valor de su función: el trabajo o el comercio y su expresión es la del efecto video, que responde a la hiperrealidad. Aquí, la duda salta cuando pensamos ¿tiene sentido conservar el centro histórico de Quito después de que ha sufrido tantos cambios? Por un lado, la esencia del valor de historia se refiere precisamente a la suma de tiempo al pasado y, por otro, a que la crisis global del patrimonio conduzca al fin del pensamiento único sobre él mismo; toda vez que el marco institucional se ha vuelto complejo, débil, disperso y sobre todo, regulador e interventor. El incremento de la masa patrimonial se debe tanto a la democratización patrimonial como a la heredad productiva, lo que nos deja con las puertas abiertas para pensar en otro tipo de turismo y sobre todo, en otro tipo de ciudad. Heredar no es y nunca será un sinónimo de imitar. Quito es una ciudad diversa con una carga histórica y cultural que trasciende cualquier etiqueta o corriente. Es una ciudad que cambia su significado constantemente y para entenderla, solamente hace falta mirar un poco hacia atrás.La Catedral de San Francisco fue construída entre 1586 y 1618 con planta de cruz latina y completamente en mampostería de piedra. Foto: Iván Franco. Por: Fernando Carrión; Arquitecto, Urbanista, Decano de FLACSO y Vladimir Morales; urbanista por la UNAM, Docente FLACSO.