Entre las nuevas residencias, nacía la Casa de las Begonias, un hogar de 400 metros cuadrados, donde cuatro hijos crecieron entre las paredes que, con el tiempo, quedaron abandonadas durante más de una década. Ahora el año es 2024 y esta casa, llena de begonias, colibríes y árboles de aguacate, resplandece con una nueva vida, gracias a la dedicación y visión de la arquitecta Verónica Rosero, quien ha trabajado de la mano con su madre para devolverle el esplendor a la casa de su infancia. De vuelta a otros tiempos La Casa de las Begonias no es solo un proyecto arquitectónico; es un viaje al pasado y una reencarnación del presente. Para Verónica, esta casa es más que un espacio físico; es su hogar de infancia y el refugio de su madre. “Yo siempre odié los muebles y colores ochenteros de esta casa,” confiesa Verónica, “pero cuando mi madre me pidió remodelarla, supe que este proyecto sería diferente a cualquiera que había hecho antes.” La transformación de esta casa ha sido un desafío desde sus cimientos. “La casa estaba muy deteriorada. Teníamos filtraciones, el sistema eléctrico y de agua estaban obsoletos y el alcantarillado completamente podrido,” explica Verónica. El diseño original era muy fragmentado, lleno de pasillos y paredes que aislaban los espacios. Para revitalizar la casa, se eliminaron paredes y se crearon conexiones visuales y físicas entre las áreas. “Lo que antes era un pasillo estrecho ahora es un espacio abierto y luminoso,” dice Verónica, quien también explica que utilizaron las puertas y los armarios antiguos, dándoles una nueva vida con acabados de madera natural. La casa, que en su estado original era, como la describe Verónica entre risas, “una congeladora”, debido a su mala orientación, ahora se beneficia de una cuidadosa planificación que permite el paso del sol y una ventilación cruzada eficiente. “Uno de los retos era mejorar la climatización. Abrimos ventanales para que el sol de la tarde caliente la casa y ahora es un hogar acogedor,” añade. Espacios verdes y cuartos secretos El patio, un espacio gigantesco, también ha sido transformado. De ser una zona descuidada, ahora es un jardín donde los colibríes revolotean y los árboles de aguacate ofrecen su sombra y frutos. La remodelación también incluyó la creación de un espacio multifuncional que puede ser usado tanto como taller de arte para su madre como cuarto de huéspedes. El proyecto ha sido un viaje emocional para Verónica, trabajando codo a codo con su madre. “Dicen que lo peor es trabajar con la familia, pero para mí ha sido lo mejor. La empatía y química que tenemos ha sido fundamental,” comenta. La Casa de las Begonias no es solo una remodelación; es un testimonio de amor y dedicación. Es un espacio que ha sido rescatado del abandono y transformado en un hogar lleno de luz, recuerdos y nuevos comienzos. “Para mí, este proyecto implica muchas cosas, no solo a nivel técnico, constructivo y estético, sino también personal. Es ver cómo un espacio lleno de recuerdos de mi infancia toma una nueva cara,concluye Verónica. También te puede interesar: Nos Visitó: María Clara Eljuri, CEO de Centro Cerámico Rescatando lo viejo para crear algo nuevo En el mundo del diseño y la remodelación, cada vez más personas están adoptando la filosofía de "no botes las cosas". Este enfoque, que valora la recuperación y reutilización de materiales antiguos, está ganando terreno frente a la mentalidad de descartar y reemplazar. La renovación también abarcó aspectos emocionales y funcionales. La madre de Verónica deseaba una casa ordenada y fácil de mantener, con predominio del color blanco y la inclusión de madera natural. Por eso, se recuperaron y adaptaron muebles como mesas y bancas, y se introdujeron elementos nuevos de alta calidad que respetan la estética y el estilo vintage.