Diseñada por los arquitectos Iván Jiménez y Freddy Bonilla, esta obra fue galardonada con el primer lugar en la categoría “Arquitectura Mínima” durante la Bienal Panamericana de Arquitectura de Quito 2024, destacándose entre 752 proyectos de 22 países. También puedes leer: Etiopía finaliza la Gran Presa del Renacimiento: un hito histórico en el Nilo Azul que genera disputa en Egipto El encargo consistió en construir una nueva capilla en el cementerio de Taquil, lugar donde se celebra una misa anual en honor a los difuntos. Ante el limitado presupuesto y la necesidad de un espacio funcional, el equipo optó por una solución que combinara economía, resistencia y respeto por las tradiciones locales. Así, la teja reciclada, abundante en la zona debido a casas abandonadas, se convirtió en el material principal, valorado por su durabilidad, reciclabilidad y capacidad para resistir la intemperie. El sistema constructivo es único: la estructura se arma colocando tejas sobre tejas, formando muros curvos que siguen la “curva tractriz” para disipar el viento y crear canales que enmarcan el paisaje. El primer tercio de la capilla es una superficie continua de tejas, mientras que los dos tercios restantes permiten la circulación del viento a través de tubos formados por tejas superpuestas con espacios estratégicos. Esta arquitectura abierta potencia la celebración al aire libre, muy arraigada en la comunidad. La construcción fue posible gracias a la minga, una tradición comunitaria que reunió a los habitantes de Taquil para autoconstruir la capilla. Este trabajo colectivo fortaleció los lazos sociales y permitió optimizar recursos, reflejando una “estética de la fealdad” donde el esfuerzo manual y la imperfección son valorados como parte del proceso creativo. Además, la intervención artística con mosaicos reciclados y la escultura del “Espíritu Santo” enriquecen el espacio espiritual y visual. También te puede interesar: Ladrillos ecológicos hechos con posos de café transformarán la construcción La capilla no solo cumple una función religiosa, sino que también se ha convertido en un atractivo turístico que impulsa la microeconomía local. Visitantes de diversas procedencias llegan a Taquil para conocer esta obra que celebra la identidad cultural y arquitectónica de la región, poniendo en valor materiales y técnicas tradicionales con un enfoque contemporáneo. Con una inversión total de apenas 15.000 dólares y un área de 25 m², la Capilla de Teja es un ejemplo de cómo la arquitectura puede ser sostenible, participativa y simbólica. Este proyecto demuestra que con creatividad y colaboración comunitaria es posible crear espacios significativos que respetan el entorno y las tradiciones, dejando una huella duradera en la historia arquitectónica de Ecuador y América Latina. Fuente: ArchDaily