El foro “Construir oportunidades de desarrollo para la cadena de valor” partió de una premisa clave: las cadenas de valor dejaron de ser estructuras operativas para convertirse en una herramienta estratégica. En un entorno marcado por exigencias sociales, ambientales y regulatorias, su fortalecimiento define no solo la competitividad de las empresas, sino también la sostenibilidad del país en el largo plazo. El espacio reunió a Jaime Solórzano, gerente general de Duragas Abastible; Paúl Simball, jefe corporativo de Desarrollo Sostenible de Vitapro; Fiorella Mackliff, directora país de Ayuda en Acción; y fue moderado por Evangelina Gómez-Durañona, directora de CERES. Desde sus perspectivas, abordaron el desafío de construir ecosistemas productivos más sólidos e inclusivos. De la logística a la estrategia empresarial Evangelina Gómez-Durañona abrió el diálogo señalando que las cadenas de suministro han evolucionado hacia un rol estratégico dentro de las organizaciones. Hoy, explicó, no solo gestionan riesgos, sino que permiten identificar oportunidades para generar desarrollo sostenible en todo el ecosistema productivo. Mipymes: el corazón del tejido productivo Jaime Solórzano puso en el centro a las micro, pequeñas y medianas empresas. Recordó que representan el 99,6% del tejido empresarial ecuatoriano y generan más del 50% del empleo formal, pero enfrentan barreras estructurales como falta de financiamiento, acceso limitado a tecnología y alta mortalidad empresarial. Frente a este escenario, explicó que Duragas ha orientado su estrategia hacia el fortalecimiento de este segmento. Entre sus acciones destacó el pago a proveedores en plazos de hasta siete días, el impulso a emprendimientos en comunidades y la generación de herramientas de capacitación para facilitar su desarrollo dentro de la cadena de valor. Cadenas fuertes para mercados globales exigentes Desde Vitapro, Paúl Simball explicó que el fortalecimiento de la cadena de valor es determinante para sostener la competitividad de sectores estratégicos como el camaronero. Recordó que Ecuador lidera la exportación global de camarón, pero ese posicionamiento depende de la solidez de cada eslabón. El ejecutivo destacó que hoy los mercados exigen trazabilidad, certificaciones y estándares ambientales y sociales cada vez más rigurosos. Esto implica mirar la cadena hacia atrás, desde el origen de los insumos, y asegurar que toda la operación cumpla con criterios de sostenibilidad, transparencia y cumplimiento normativo. Territorio, inclusión y brechas estructurales Fiorella Mackliff aportó la visión desde la sociedad civil, destacando que el desarrollo de cadenas de valor debe partir de la realidad del territorio. Recordó que en Ecuador la pobreza multidimensional supera el 60% y que gran parte de la población rural enfrenta condiciones de informalidad y falta de acceso a servicios básicos. Desde su experiencia, enfatizó que el principal desafío es la acumulación de barreras estructurales: limitada capacitación técnica, escaso acceso a financiamiento, baja conectividad y falta de tecnología. Sin resolver estos factores, advirtió, la inclusión de pequeños productores en las cadenas de valor será siempre parcial. Un desafío compartido para el país El foro coincidió en que el desarrollo de cadenas de valor sostenibles no depende de un solo actor. Requiere la articulación entre empresa privada, sociedad civil, academia y sector público para cerrar brechas y generar oportunidades reales de crecimiento. La conclusión fue clara: construir un Ecuador sostenible implica fortalecer cada eslabón del sistema productivo. En un entorno global más exigente, las cadenas de valor ya no son solo un componente operativo, sino el espacio donde se define la competitividad, la inclusión y el futuro económico del país.