Lamaísmo como religión de estado pero en un ambiente entre boscoso y selvático. Bután es un pequeño reino en el sudeste del Himalaya que restringe el turismo y desvela sus secretos con cuentagotas. Uno de los países más singulares del mundo por sus costumbres y creencias, y adonde no llegó la televisión hasta 1999. Bután, El Reino del Dragón Bután se enorgullece de su otro nombre, Druk Yul, que se traduce como «la Tierra del Dragón que truena». Es algo natural, aparte de mitológico, para los drukpas, el apelativo que prefieren los butaneses y que contiene la raíz druk, o dragón. Son 800.000 habitantes en poco más de 38.000 km2. Otra cosa es la grandeza de su tesón por preservar su independencia y originalidad a través de los siglos en un confín del Himalaya que tiene de vecinos a dos gigantes como China al norte –así es tras la anexión china del Tíbet– y la India al sur. Asimismo, Bután es el único reino superviviente en el Himalaya con una dinastía, la Wangchuk, cuyos sucesivos monarcas ostentan el título de «rey dragón». Y hasta en su bandera, mitad amarilla y mitad roja, ponen un dragón que agarra piedras preciosas. Por otra parte, es el único país del mundo que tiene el lamaísmo, basado en el budismo tibetano, como religión oficial. Lo cual atribuyen al portentoso Padmasambhava, el Gurú Rinpoche (Precioso maestro reencarnado), que llevó el budismo a uno y otro lado del Himalaya.También te puede interesar: Miami Beach reconocida por los World Travel Awards El País más caro del mundo Tras aterrizar en Paro, el único aeropuerto internacional de Bután, el viajero respira con cierto alivio. Es llevadera la altitud (2235 m) y el frío no resulta desmedido en primavera. Tampoco es masivo el pasaje de la compañía Druk Air, procedente de Nueva Delhi, vía Katmandú. Desde septiembre de 2022, cuando el país se ha reabierto al turismo, se precisa un visado de USD 40 más un itinerario definido con una agencia autorizada. Y hay que pagar una tasa diaria de USD 100 por persona y día. Eso no incluye el alojamiento, comidas, transporte, guía ni las entradas a monumentos. No se anima pues al viaje improvisado. Otra cosa es modular las posibilidades personales, pero el reino de Bután restringe el turismo a fin de preservar en la medida de lo posible tanto su cultura como su naturaleza. La recompensa es haber llegado a un país distinto de este globo. Pronto se ve pasar a un viandante vestido a la manera tradicional butanesa. Casi todos los hombres llevan su falda, que tanto recuerda a un kilt escocés, y con medias de lana y grandes zapatos o botas. Apenas se ven mujeres que no vistan sus vestidos hasta los tobillos. A lo mejor se ponen encima un anorak. Pero hasta las jóvenes se perforan una aleta de la nariz para meterse un botón de oro. Si llevan una gran nariguera colgante es probable que se trate de inmigrantes gurkha, es decir, nepalíes. Fuente: National Geographic