Hallyu, la ola coreana, es real y un fenómeno global. Sus K-dramas dominan plataformas como Netflix (es el segundo contenido más visto en esta plataforma en 2024 a nivel mundial), donde El Juego del Calamar rompió récords con más de 106 millones de vistas en solo 10 días. La industria del K-beauty exportó ya más de USD 10.000 millones en 2024, y el cine coreano conquistó Hollywood con Parasite, ganadora del Óscar en 2020. Nada de esto es casual: Corea del Sur apostó por la cultura como motor económico, en los años 90, pero este proyecto se consolidó en la siguiente década y hoy cosecha los frutos de esa visión; hoy es uno de los mayores ejemplos de un país que le apostó a la economía creativa. En este escenario, el grupo BTS se consolidó como el rostro global del K-pop. Conformados por siete jóvenes (Kim Namjoon (RM), Kim Seokjin, Min Yoongi, Jung Hoseok, Park Jimin, Kim Taehyung y Jeon Jungkook), ellos fueron claves en la promoción cultural de Corea del Sur. Su impacto hizo que su enlistamiento militar sea tema de debate en la Asamblea Nacional ya que su ausencia suponía un riesgo económico. Según el Instituto de Investigación Hyundai, antes de su pausa generaban +USD 4.650 millones anuales (la contribución de casi medio millón de trabajadores coreanos promedio), el equivalente al 0,3% del PIB coreano. Según el Diario EL Tiempo, a pesar de su pausa, su valor económico asciende a más de USD 3, 5 billones, esta cifra supera 26 veces el promedio de ventas de las empresas medianas de este país. También te puede interesar: Alimentos y Clima: Una oportunidad en nuestra mesa La fórmula del éxito de BTS combina una historia de superación, mensajes universales y una conexión profunda con sus seguidores. Descubiertos por el productor Bang Si-hyuk y nacidos en una pequeña empresa llamada Big Hit Music, liderados por Kim Namjoon (RM), quien provenía de la escena underground, los siete integrantes no llegaron desde el privilegio, sino desde la perseverancia: compartieron un pequeño departamento y registraron sus primeros pasos como aprendices en YouTube, mostrando con transparencia las dificultades que enfrentaban. Esa vulnerabilidad y resiliencia se convirtió en su sello, junto con una discografía cargada de referencias literarias y temáticas profundas como la presión social que enfrentan los jóvenes para alcanzar el éxito social y económico y el amor propio, que les valió incluso el título de embajadores de UNICEF. Canciones como ‘Dynamite’ llevaron su mensaje al mundo en plena pandemia, rompiendo récords con más de 100 millones de vistas en 24 horas. A la par, su relación cercana con Army -una comunidad global de más de 70 millones de fans- se consolidó gracias a interacciones constantes en plataformas digitales, donde los artistas comparten desde logros hasta sus momentos más vulnerables. Durante su ausencia, los integrantes siguieron trabajando en proyectos individuales, y en 2025 regresaron como grupo, listos para una nueva etapa que promete marcar la historia. BTS no solo vende música: construye comunidad, inspira a los jóvenes y representa un modelo de economía creativa que mueve cifras comparables a grandes multinacionales. Por: Cristina Guevara