Claro que aquella compañía no tenía la solvencia de la Disney. A pesar del fiasco, la facturación del grupo resultaba tan contundente en aquel momento –como lo sigue siendo hoy–, que en Wall Street apenas se sintió el bache John Carter. No en vano Walt Disney era uno de los valores bursátiles que había ayudado a elevar los índices Dow Jones y S&P 500 hasta niveles históricos, rescatándolos de una maltrecha situación cuando casi estaban tocando suelo.<br /> <br /> Y es que todo es exponencial cuando se habla de las cifras. Rodean a la compañía creada en 1923 por aquel dibujante soñador con aires de Errol Flynn bonachón. En el último trimestre fiscal de 2014 registró ganancias de unos 2.200 millones de dólares, un 22% más que el año anterior en ese periodo, y facturó 12.400 millones, un 8% más que en 2013. No es de extrañar así que su valor en bolsa haya pasado de 48.400 millones de dólares en 2005 a casi 182.000 millones. Alguien parece haber encontrado la fórmula para devolver a Walt Disney la imagen de casa de los sueños que tuvo en el pasado.<br /> <br /> Esta vez, sueños muy reales de un color verde dólar. Una casa consagrada al mundo del entretenimiento y que en la última década se ha hecho con sellos cinematográficos tan significativos como Pixar (en 2006, por 7.400 millones de dólares) o Marvel (en 2009, por cerca de 4.000 millones de dólares). La última jugada maestra, en 2012 y por otros 4.000 millones, fue añadir a su cartera la franquicia cinematográfica más rentable y popular –con permiso del agente secreto James Bond–, nada menos que el imperio galáctico de George Lucas. Detrás de tanta cifra y tanta magia, además del estudio de las orejas de roedor, se perfila la silueta de un hombre muy particular, un hombre del tiempo de Oceanside, Nueva York, convertido en maestro jedi de los negocios: Bob Iger.<br /> <br /> Cuando a finales de 2013 la Disney presentó sus cuentas, se armó algún revuelo al comprobar el sueldo total, cobrado el año anterior, por el hombre que aglutina desde su llegadalos cargos de presidente y consejero delegado de la compañía. Bob Iger se había embolsado en 2012 hasta 40,2 millones de dólares. Eso lo convertía en uno de los tres ejecutivos con mejor remuneración de las cien mayores empresas cotizadas, por encima, casi duplicando a su rival de News Corporation, el ‘mogul’ de Rupert Murdoch.<br /> <br /> Para acallar las críticas, el consejo de la compañía no tuvo más que referirse al histórico de las cifras, por ejemplo al del retorno para el inversor, que en aquel ejercicio había sido de un más que satisfactorio 170%, sobre todo a tenor de tiempos no tan lejanos en los que la confianza de los inversores en la Disney empezaba a tambalearse. Iger arrancó en la compañía con las acciones a 34 dólares, las llevó hasta los 66 en 2012 y actualmente, gracias al prometedor panorama que auspicia el inminente estreno de la nueva etapa de la saga Star Wars, se encuentran en 106 dólares. Fue en 2013, precisamente cuando Iger renovó su doble cargo en Disney, aparentemente hasta 2015. Estaba previsto que este año abandonara sus responsabilidades como CEO de la compañía y, desde el sillón de la presidencia, ayudase a su sucesor a pilotar la transición. <br /> <br /> Sin embargo, el pasado octubre, el Consejo de Administración de Disney acordó que Iger continuase por tres años más ostentando ambos cargos, relegando a 2018 una nueva revisión de este asunto.<br /> <br /> “Estoy feliz de seguir al frente de la empresa y encantado con todo lo que se avecina, desde las nuevas películas de Star Wars al nuevo Disneyland en Shanghái”, comentaba Iger en un comunicado poco después de conocerse la noticia. Las menciones a esos dos proyectos de la compañía no eran gratuitas, sino un mensaje directo a los accionistas para dejarles claro que en la entidad no están dispuestos a apostar como antaño por la calma chicha. <br /> <br /> Muchos esperan que el estreno el próximo mes de diciembre de la séptima entrega de las aventuras galácticas, El resurgir de la fuerza, ahora con los nuevos aires y seguidores que aporta la casa Disney, reactive el torrente de ingresos que siempre ha supuesto el interminable merchandising generado por la saga (más 19.000 millones de dólares desde el estreno de la primera película, en 1977). No en vano en Disney también son veteranos en el arte de sacar partido a un personaje o franquicia con todo tipo de productos. Por otro lado, el Shanghái Disneyland, cuya apertura está también prevista para finales de año, con un coste estimado de 29.000 millones de yuanes (3.550 millones de euros), supone un intento firme de la compañía por revitalizar sus parques temáticos, que hasta ahora son una de las partidas más débiles de sus libros de cuentas. En ese sentido, en Disney esperan que la inclusión en éstos de las atracciones de las nuevas franquicias (los superhéroes de Marvel y los personajes de Star Wars, con los que ya tenían experiencia a través de los Star Tours, una de las atracciones más populares de Disneylandia, puesta en marcha hace unos años tras un acuerdo entre Lucasfilm y los estudios Disney), insuflen aires renovados a los parques. Cuentan que de todo ello se interesa personalmente Robert Iger, el hombre que tomó el relevo del risueño Walt Disney para reinventar su mundo como una de las mayores y exitosas compañías del siglo XXI.<br /> <br /> <span style="font-weight: bold;">Arthur iger</span> era vicepresidente ejecutivo y gerente general de la Corporación Greenvale Marketing, además de un destacado profesor de Publicidad y Relaciones Públicas. Su hijo Bob, nacido en 1951, se decantó por el Periodismo y se graduó en Ciencias de Televisión y Radio. Empezó su vida laboral como hombre del tiempo de una cadena de televisión local, y poco después pasó como ‘hombre de ideas’ a la cadena ABC, en 1974. En esta casa fue ganándose poco a poco la confianza de los responsables, al tiempo que se labraba una reputación en el negocio. Entre otras cosas, se le conocía por sus apuestas arriesgadas que solían concretarse en grandes éxitos. Él fue, por ejemplo, el princiapl defensor de la serie Twin Peaks, de David Lynch, una locura para muchos de los directivos que, gracias al empeño de Iger, terminaría por ser un notable triunfo para la cadena. Aquello supuso su espaldarazo definitivo, permitiéndole ir ascendiendo en la compañía de un cargo a otro, hasta terminar como presidente y director de operaciones de la empresa matriz de ABC, Capital Cities/ABC. Fue poco después, en 1996, cuando Walt Disney compró la cadena, renombrándola ABC, Inc., manteniendo a Iger como presidente.<br /> <br /> <br /> Y una presidencia más, cuando el Consejo de Administración de Disney apostó en 1999 por Iger para liderar Walt Disney International, manteniéndolo también al frente de ABC. Sería al año siguiente cuando se le designara ya presidente y director de operaciones de The Walt Disney Company, con Michael Eisner como CEO. Cinco años después, en marzo de 2005, también este cargo recaería en Iger.<br /> <br /> A partir de ese momento comenzaron sus maniobras para insuflar aires renovados en una compañía que acusaba el empuje de las nuevas corrientes del entretenimiento, como por ejemplo el tremendo éxito de las cintas protagonizadas por los superhéroes de la casa Marvel. Pero además de proyectos, Iger atendió a la tecnología, al desarrollo de acuerdos y políticas que permitiesen a la casa Disney seguir presumiendo de ser una de las más innovadoras en la creación de fantasías cinematográficas. En este sentido, una de las relaciones más interesantes fue la que estableció con Steve Jobs.<br /> <br /> Walt Disney y el estudio de animación de Jobs, Pixar, llevaban una década colaborando cuando en 2004 rompieron relaciones. En cuanto Iger tuvo control total, al año siguiente, llamó a su viejo amigo de Apple para retomar el contacto que él nunca fue partidario de romper. Fruto de aquellas reuniones fue la compra de Pixar, por 7.400 millones de dólares, en enero de 2006. En aquel acuerdo se establecía que Jobs mantendría el control de su estudio de animación. Además, con esa operación, el genio de la firma de la manzana se convirtía a su vez en uno de los mayores accionistas de Disney. En respuesta a aquella voluntad de colaboración, cuando Jobs falleció, en 2011, su sucesor, Tim Cook, ofreció a Iger ocupar su lugar en el Consejo de Administración de Apple.<br /> <br /> En 1976, un joven apocado pero lleno de ilusión,se recorrió la mayoría de los estudios de Hollywood con su nuevo guión bajo el brazo. Era una innovadora historia que llevaba al espacio las aventuras tradicionales de capa y espada. Pero los días de la ciencia ficción cinematográfica parecían muy lejanos, y los costes del proyecto, demasiado altos. Desesperado ante la falta de apoyos, aquel joven, un tal George Lucas, decidió probar algo nuevo con los ejecutivos de Twentieth Century Fox: renunciaría a su salario como director de la película a cambio de un porcentaje de las ganancias de taquilla y de todos los derechos del merchandising. ¿Merchan... qué?<br /> <br /> A los directivos de la Fox les convenció el trato, dando por sentado que aquello de llevar camisetas con el cartel de una película no iría mucho más allá de un puñado de críos. Cuatro décadas después, la saga ha generado cerca de 23.000 millones de dólares en ese campo (incluyendo licencias de libros, videojuegos, etc).<br /> <br /> Nacía de este modo el mito de Star Wars, y no sólo alrededor de su historia y personajes, sino también de sus planteamientos comerciales. Con el montaje de la película listo, Lucas no terminaba de estar convencido de ser capaz de atraer al público a las salas.<br /> <br /> Vistos además los recelos de la Fox, no tenía claro que invirtiesen demasiado en promoción. Pensó entonces que debía llamar la atención de los seguidores de la ciencia ficción, con la esperanza de que éstos atrajeran a más público. Así fue como el cineasta se lanzó al diseño y creación de todo tipo de productos para la promoción de la película: camisetas, figuras, pósters, dioramas, réplicas, etc. Cuando todo ese material se lanzó, aún sin haberse estrenado la película, se vendió con sorprendente agilidad. Cuando poco después la primera entrega de Star Wars llegó a las pantallas estadounidenses, el 25 de mayo de 1977, se convirtió en uno de los estrenos más taquilleros en el primer día de proyección de la historia del cine (un millón y medio de dólares). Según datos de 2014, aquella primera película, que costó 11 millones de dólares, ha llegado a recaudar, sólo en salas de cine, más de 775 millones; entre las seis estrenadas (además de la cinta de animación Las guerras Clone) alcanzan la friolera de 4. 277 millones de dólares en taquilla.<br /> <br /> Las redes sociales pasaron una jornada bastante animada aquel 30 de octubre de 2012, cuando se confirmó el rumor: Bob Iger y George Lucas rubricaban el acuerdo por el que Disney se convertía en propietaria de Lucasfilm. La operación se había cerrado por 4.000 millones de dólares, de los que Lucas recibía la mitad en acciones, convirtiéndole en uno de los principales propietarios del conglomerado, con el cargo de consejero creativo.<br /> <br /> Al frente de Lucasmilf quedaba, además, Kathleen Kennedy, una vieja conocida de Lucas desde que fuera secretaria de Steven Spielberg en los setenta, y antes de convertirse en productora de buena parte de la filmografía del padre de E.T. Kennedy había llegado algunos años atrás a Lucasfilm, cuando Lucas le ofreció que dirigiera la compañía. Hacía tiempo que Lucas había manifestado su deseo de alejarse de la primera línea de trabajo para poder consagrar su tiempo a la filantropía y al cine experimental. En este sentido, al anunciarse la compra de su empresa, comentó: “Durante los últimos 35 años uno de mis mayores placeres fue ver cómo Star Wars pasaba de una generación a otra. Ahora es el momento de pasar mi saga a otra generación de realizadores”.<br /> <br /> Y eso es, ni más ni menos, lo que ha hecho Disney. J.J. Abraham fue el director elegido para afrontar el reto de arrancar una nueva etapa de la saga galáctica. El miedo era evidente, pues la última trilogía, sobre todo el título con la que arrancó, no fue en absoluto del agrado de los fieles de la serie (a pesar de ser la que más ha recaudado, ya va por los 925 millones de dólares). Abraham, sin embargo, siempre se ha declarado un gran aficionado de las aventuras de la familia Skywalker, y su puesta al día del universo Star Trek fue un rotundo éxito, logrando la compleja hazaña de satisfacer por igual a los que siempre soñaron con pilotar la USS Eterprise y los que preferirían verse a los mandos del Halcón Milenario.<br /> <br /> Se habla de un presupuesto de entre 175 y 200 millones de dólares, y el lanzamiento la pasada Navidad del primer trailer no hizo sino calentar aún más los ánimos. Pero esta película será sólo el principio. Ya se ha anunciado, para diciembre de 2016, el estreno de la primera spin off, de la saga, Star Wars: Rogue One, que abre todo un universo –nunca mejor dicho– de posibilidades para explotar la franquicia galáctica. Ese estreno se sumaría al de la segunda entrega de Frozen, el título de Disney que se ha convertido en la película animada más taquillera de la historia, además de la octava entrega de Star Wars, cuyo estreno está previsto para mayo de 2018. Las acciones de The Walt Disney Company acumularon un alza de un 25% durante los últimos 12 meses.<br /> <br /> <img src="especiales/images/253/100.png" /><br /> <br /> <br />