Es importante señalar que el financiamiento mixto, según Vilchez, puede provenir tanto de fuentes públicas, privadas y hasta filantrópicas. Su función principal es la de incrementar la inversión para lograr el cumplimiento de los ODS, establecidos en la Agenda 2030. Por ende, mejora el desarrollo económico y social, y fomenta la creación de alianzas entre lo público y lo privado, estableciendo que “ya no solo los gobiernos son responsables del cuidado de los derechos humanos, sino también la parte privada”. La experta señaló que este tipo de financiamiento sostenible es necesario, especialmente para América Latina, debido a que trae consigo beneficios como el incremento de la escala financiera, la reducción de riesgos a partir del compromiso de cumplimiento de objetivos y resulta en una innovación financiera y sostenible, pues insta a conformar conjuntos de trabajo que parten de la cooperación internacional y continúa con los gobiernos locales, gobiernos extranjeros, empresas y sociedad civil. Se recalcó también que, según un informe de OXFAM, alrededor de 2000 familias controlan y tienen a su alcance USD 200 billones, mientras que, anualmente, apenas se destinan 2.4 billones en inversión para el cumplimiento de los ODS. El ejemplo se enmarca para poder dimensionar la desigualdad e inequidad que se vive en el mundo y la necesidad de que la inversión desde lo privado incremente con el fin de reducir este dato estadístico. Para culminar, se destacó la labor de Aldeas Infantiles SOS, quienes trabajan bajo el financiamiento mixto y el pago que se genera a raíz de la muestra y cumplimiento de resultados. Mediante esto, plantean atraer más inversiones que apoyen a su causa, que se basa en el cuidado y protección de los derechos de las infancias y adolescencias, en los 134 países donde actualmente se han establecido.