A veces, hace falta que una sola persona crea en nosotros para que nos atrevamos a dejarnos ser Significa dejarnos ser al honrar el valor inherente a nuestra esencia, visión y virtudes que nos caracterizan. Cuando podemos reconocernos desde la integridad y completitud, también reconocemos a las otras personas como símiles; seres humanos con su individualidad transitando un camino de exploración, de miedos, de desafíos y, sobre todo, de aprendizaje y transformación. Desde esa mirada, la perspectiva se amplía y nos conecta con el impulso que da vida al cambio a partir del crecimiento propio y de otros. La autenticidad se construye sobre la congruencia de una persona, misma que fortalece nuestra capacidad como líderes para influenciar, potenciar, valorar y movilizar. La falta de autenticidad, por el contrario, se percibe como falsedad, y resulta en desconfianza, inseguridad, y falta de credibilidad; factores que debilitan nuestra influencia para catalizar el crecimiento de todo el sistema organizacional. La falsedad no es estratégica Ocultar nuestra individualidad, es un trabajo de tiempo completo que debilita nuestra auto confianza y mal utiliza nuestra enfoque y energía. Los y las ejecutivas que faltan de autenticidad, a menudo se encuentran agotados, pierden interés en su trabajo, en la vida y experimentan bajos niveles de confianza y satisfacción. Es importante reconocer que no es que las personas o los equipos de trabajo no son capaces de encontrar soluciones, de innovar o de potenciar el crecimiento organizacional; sino que, no confían en si mismos ni en su potencial, debido a la poca o nula valoración a la autenticidad. La inseguridad es aliada de la duda, y la duda opaca la genialidad. La autenticidad es estratégica Las personas auténticas trabajan desde un lugar de auto-valoración, participan y aportan genuinamente. Las organizaciones que fomentan la autenticidad, se benefician de colaboradores comprometidos, entusiastas y curiosos que construyen culturas colaborativas. Desde la autenticidad, se construyen puentes de confianza, empatía y curiosidad, facilitando así la colaboración, la innovación y por ende el crecimiento integral. ¿Estás liderando desde tu autenticidad? ¿O has seguido un modelo que niega tu individualidad? ¿Estás siendo ejemplo de autenticidad para tus equipos de trabajo y familia? ¿Cómo podemos reconocer y valorar la autenticidad? Cultiva la autenticidad en ti a partir del autoconocimiento. Eres tu mejor recurso, y la validación que tanto buscas afuera, solo puedes entregártela tu misma. Conecta con tu propósito de trascendencia para darle un sentido expansivo a tu liderazgo. La espiritualidad es un gran aliado. Confía y suelta. La necesidad de control viene del miedo y la inseguridad, limitando así la autenticidad y potencial. Reconoce la individualidad de tus colaboradores, muestra curiosidad genuina por sus puntos de vista, ideas y experiencias. Ellas y ellos también son tus maestros. Crea espacios de apreciación e intercambio, de colaboración e innovación para dar espacio al valor que otros tienen para entregar.