Una cultura de prevención busca educar a la sociedad, promoviendo creencias y prácticas que motiven a actitudes y decisiones positivas, que consigan evitar cualquier tipo de daño respecto a salud, hogar, accidentes, enfermedades, entre otros. Adquirir un seguro como método preventivo es la mejor forma de cuidar desde un patrimonio material hasta la salud de las personas, ya que actúa como un colchón ante las adversidades que se presentan en cualquier momento. Para esto, se debe motivar a las masas a conocer y evaluar el propósito que cada seguro tiene y poder escoger uno que se adapte a las necesidades de cada individuo. Además, hay que considerar que este tipo de acciones son bilaterales, tanto las personas como las aseguradoras son las encargadas de construir esta nueva costumbre social. Asimismo, el portafolio de servicios ofrecidos debe presentar productos de calidad, que cubran las necesidades de los clientes y ayuden a disminuir las brechas geográficas y sociales que existan. La implementación de tecnología y estrategias serán de gran ayuda para legitimar y normalizar esta cultura de seguros, tomando en cuenta que el cliente debe ser el eje central sobre el que se construyan los esfuerzos. En Ecuador, entre 2020 y 2021, hubo una reducción de 8,26% de afiliados, según el IESS, y 1 200 000 ciudadanos cuentan con un seguro privado.