Es bien sabido que los movimientos arquitectónicos, europeos en su mayoría, marcaron las tendencias de diseño a las que se ceñirían las ciudades o poblados altamente urbanizados. Aunque es imposible negar la belleza de dichas corrientes, sus pautas rechazaron el estudio del contexto y, por el contrario, se concentraron en imitar cánones estéticos. Sin embargo, ante tal homogeneidad, hubo una corriente opuesta que se adaptó a sus entornos. Así, la arquitectura vernácula es considerada como un símbolo de originalidad y personalidad, porque no hay dos arquitecturas iguales alrededor del mundo (fuera de las tendencias globalizadas). Pero, ¿qué la hace tan especial? La respuesta corta es su resiliencia; la respuesta larga está expresada en las siguientes líneas. ¿Qué es la arquitectura vernácula? La palabra vernáculo proviene del vocablo latín vernacŭlus, cuyo significado es “nacido en la casa de uno, doméstico o nativo”. Por lo tanto, la arquitectura vernácula puede definirse como aquellas construcciones que poseen técnicas tradicionales y materiales locales, además de que sus diseños responden armoniosamente con su entorno y los constructores son nativos. Cuando se menciona el entorno, se hace referencia a las características climatológicas, los ecosistemas circundantes e, incluso, las cuestiones sociales. Además, lo vernáculo es adaptativo; se dice que la resiliencia es la capacidad de adaptarse a la adversidad, y la arquitectura vernácula lo hace a la perfección. También se dice que lo vernáculo hace referencia a lo tradicional o popular, siempre bajo una fuerte carga de lo cultural, social y económico. La importancia de esta arquitectura es tal, que incluso corrientes contemporáneas adoptaron las ideas centrales de la misma, como lo hizo la arquitectura sustentable. Esta última ha divulgado la necesidad de ser sensibles al momento de proyectar y considerar cualquier condición determinante, desde las físicas, hasta las sociales, en todo los diseños. También te puede interesar: El futuro de la construcción sostenible: la revolución del barro Características de la arquitectura vernácula A diferencia del resto de corrientes arquitectónicas, la arquitectura vernácula no tiene un listado de características estilísticas o constructivas que se puedan replicar en distintas regiones. De hecho, la emulación va en contra de la esencia de este movimiento. A pesar de eso, hay ideas generales que se comparten entre los varios exponentes. Para empezar, la arquitectura vernácula debe primar las técnicas constructivas tradicionales a las globalizas. ¿Por qué hacerlo? La respuesta es sencilla, porque dichas técnicas son el resultado de siglos de evolución y adaptación a un entorno. Por ejemplo, la arquitectura vernácula del desierto posee muros sumamente gruesos y cumplen dos funciones: la primera es para retener el calor del exterior y, así, lograr que el interior conserve cierta frescura; la segunda es para que el calor guardado en los muros, por su exposición en el día, caliente los interiores en las típicas noches frías de su región. Las construcciones con palafitos son otro gran exponente de las técnicas tradicionales. Esta especie de pilares eleva toda una construcción del nivel del suelo para evitar que la humedad afecte los espacios interiores, así como a sus estructuras primarias. En segundo lugar, la arquitectura vernácula trabaja con materiales autóctonos y evita a toda costa la exportación de éstos. Una vez más se trae a colación el término resiliente, en este caso, la adaptación de la arquitectura para trabajar con los materiales disponibles, como es el caso del iglú. En la zona ártica y polar es imposible encontrar materiales típicos de construcción, llámese madera, tabiques o piedra, por lo que sus pobladores encontraron la manera de crear viviendas con el único recurso disponible: nieve y hielo. En Turquía, por su parte, hay casas hechas en su totalidad en adobe, un material sacado del barro y que, además de estructurar las viviendas, sirve como aislante térmico. Para finalizar, la sensibilidad a un contexto y una cultura es el último ingrediente de la arquitectura vernácula. Cada pequeño rincón es único y posee características propias en comparación a cualquier otra parte del mundo, por eso es necesario que cada arquitectura también posea cierta personalidad que la identifique a su región. Fuente: AD Magazine