Como parte de la sección Visitamos A de Ekos Construcción, entramos en el trabajo de ENNE Arquitectos | NN Architects, fundada en 2008 y reconocida como la primera firma ecuatoriana de arquitectura, diseño y construcción especializada en sostenibilidad, tecnología y arquitectura médica, para entender cómo sus proyectos se alejan de la lógica del objeto construido y se acercan a una idea más exigente: espacios que operan, responden y afectan directamente la vida de quienes los usan. Hay proyectos que no se explican únicamente desde el plano. En el caso de ENNE Arquitectos, cada encargo parte de comprender cómo funciona el espacio, cómo se recorre, cómo se habita y cómo responde a las necesidades reales de sus usuarios. Esta mirada adquiere especial relevancia en hospitales, clínicas y centros médicos, donde el diseño incide directamente en los flujos, la operación, el bienestar del paciente y el trabajo del personal de salud. “No es una idea abstracta. Se nota en cosas concretas: cómo entra la luz durante el día, cómo circula el aire, cómo alguien se mueve sin sentirse contenido”, señala el M. Arch. Antonio Xavier Naranjo Andrade, socio fundador de ENNE Group y ENNE Arquitectos | NN Architects. Antes de que el proyecto tome forma visible, ya hay decisiones que lo están definiendo. Implantación, orientación, ventilación aparecen ahí, desde el inicio, resolviendo buena parte del proyecto antes de que entre cualquier sistema. “Un edificio bien implantado puede reducir hasta el 40 o 50% de la demanda energética sin necesidad de sistemas adicionales”. Lo que viene después trabaja sobre esa base. Ajusta, no corrige. Incluso los materiales siguen esa lógica: duran, no exigen reemplazos constantes, no cargan al edificio con más de lo necesario. Certificación y rendimiento del edificio La sostenibilidad ha sido parte de la identidad de ENNE Arquitectos desde sus inicios. En 2012, el M. Arch. Antonio Naranjo, fundador de la firma, impulsó la transformación de una antigua vivienda ubicada en el sector de la Granda Centeno, donde antes funcionaba una fábrica de chocolate, para convertirla en oficinas eficientes y ambientalmente responsables. A partir de la reutilización de la estructura existente y la aplicación de estrategias sostenibles, el proyecto obtuvo la certificación LEED Silver, un reconocimiento internacional que evalúa criterios de eficiencia energética, uso responsable de recursos y desempeño ambiental en edificaciones. También te puede interesar: Construcción en Ecuador: reactivación desde la vivienda y los desafíos para sostener el crecimiento Ese enfoque se termina de ordenar con la certificación LEED -cuando todavía no era común en Ecuador- “Nos obligó a dejar de ver la arquitectura como un objeto y empezar a entenderla como un sistema que tiene que rendir cuentas”, explica Naranjo. Desde ahí, las decisiones dejaron de apoyarse solo en la intuición y empezaron a medirse: cómo se implanta, cuánto consume, cómo se usa, cuánto cuesta sostenerlo. También cambia la conversación con el cliente, que ya no se queda en la obra terminada, sino en lo que pasa después, cuando el edificio entra en operación y empieza a demostrar si realmente funciona. Diseñar desde la operación Antes de dibujar, la pregunta no es cómo se ve, es qué va a pasar ahí todos los días. Cómo se mueve la gente, dónde aparecen fricciones, qué necesita realmente quien usa el espacio. “Si no entiendes la operación, el diseño es decorativo”, dice Naranjo. A partir de ahí, varias decisiones pierden sentido y otras se vuelven inevitables. La tecnología entra después, cuando el espacio ya funciona. No llega a corregir, llega a ajustar y sostener. “Si un espacio no se siente bien sin tecnología, la tecnología no lo va a salvar”. Lo que queda es esa sensación difícil de señalar cuando un lugar responde sin esfuerzo. “La arquitectura tiene que rendir cuentas: en consumo, en uso y en cómo impacta a quien la habita”. El impacto ambiental se juega en el tiempo. En lo que el edificio exige mientras se usa, en cómo se mantiene, en cuánto consume. “El mayor impacto ocurre después de construido. Si no diseñamos para reducir consumo, agua y mantenimiento desde el inicio, ya perdimos”. El proyecto deja de ser una pieza terminada y pasa a operar todos los días, sobre quien lo habita.