Su nombre surge de la combinación de “app” y “abstinencia”, y propone un enfoque progresivo para recuperar el control sobre la tecnología. Fue creado por Gabriela Ngoyen, estudiante de Harvard, quien creció en Silicon Valley y, tras tomar conciencia de su propia hiperconexión, decidió buscar una alternativa más saludable. El celular se ha vuelto una extensión constante de la vida diaria, desde el trabajo hasta el ocio, la necesidad de tomar consciencia sobre su uso se vuelve urgente y, por lo tanto, herramientas como Appstinence cobran protagonismo. Así lo advierte Vanessa Caba Machado, profesora e investigadora de la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), quien señala que el uso excesivo del dispositivo puede impactar negativamente la salud mental y emocional. La dificultad para desconectarse no depende únicamente de la fuerza de voluntad. Las aplicaciones están diseñadas para captar nuestra atención con recompensas inmediatas, notificaciones permanentes y estímulos que aumentan nuestro tiempo de conexión. Este ciclo de hiperconexión genera una dependencia difícil de romper. Appstinence propone cinco pasos concretos: reducir el acceso a las aplicaciones problemáticas, desactivar cuentas, eliminar apps del dispositivo, usar un celular más simple y, finalmente, dejar el celular por completo. Las investigaciones del grupo de Ciberpsicología de UNIR vinculan el uso intensivo del celular y las redes sociales con diversas consecuencias, como: Ansiedad y malestar emocional provocados por la sensación de estar perdiéndose de algo (FoMO). Trastornos del sueño, debido al uso nocturno del celular. Pérdida de concentración y dificultad para gestionar el tiempo. Dependencia emocional del dispositivo, que funciona como vía de escape, pero refuerza hábitos nocivos. También te puede interesar: DP World Posorja, el puerto más eficiente de la región y top 25 global según ranking del banco mundial Frente a estos riesgos, Caba Machado subraya la importancia de enfoques preventivos adaptados a las necesidades de cada persona que van más allá de imponer restricciones. En lugar de prohibir, propone fomentar un uso equilibrado y consciente del celular, en especial en poblaciones con alta carga de responsabilidad, mediante técnicas de gestión del tiempo y autocuidado digital. En una sociedad donde estar conectado parece obligatorio, aprender a desconectarse de forma intencional es una habilidad clave. Métodos como Appstinence no solo nos invitan a reflexionar sobre nuestras rutinas digitales, sino que también abren la puerta a nuevas formas de bienestar y equilibrio en la era de la hiperconectividad.