Eran decisiones que acompañaban al proyecto sin modificar demasiado su lógica. Con el tiempo, esa forma de abordar el tema empezó a desplazarse hacia una mirada más amplia, donde lo que ocurre antes de que el material llegue a obra empieza a tener el mismo peso que el resultado final. Ese cambio no ocurre en el vacío. Según Fortune Business Insights, el mercado global de materiales de construcción sostenibles superó los USD 532 mil millones en 2025 y mantiene un crecimiento proyectado de más del 12% anual en los próximos años. La presión viene desde varios frentes: regulaciones más estrictas, compromisos climáticos y una demanda que empieza a moverse más rápido que la propia industria. El origen, las condiciones de producción, la energía involucrada y los residuos que se generan o se reincorporan pasan a formar parte de la conversación. En ese contexto, el proveedor deja de ser un actor secundario. Lo que se anticipa desde Europa En Europa, esa transición ya es visible. La introducción de soluciones como evoZero por parte de Heidelberg Materials - compañía cementera y de producción de materiales de construcción alemana- no propone un material distinto, pero sí otra forma de producirlo. El cemento mantiene su función dentro de la obra, aunque su proceso incorpora captura de carbono y ajustes que reducen su impacto sin alterar sus prestaciones. Este tipo de desarrollos empieza a marcar el ritmo del sector. La discusión deja de centrarse únicamente en el material y se desplaza hacia las condiciones que lo hacen posible: energía, procesos, residuos y trazabilidad. Del bosque al espacio construido En Ecuador, ese mismo desplazamiento aparece, aunque desde otro punto de entrada. En el caso de Novopan y su marca Pelíkano, la conversación se instala en el origen del material. La madera que se utiliza no funciona como un insumo genérico; tiene una procedencia concreta y ese recorrido se mantiene visible dentro del proyecto. La certificación Forest Stewardship Council (FSC) garantiza el manejo responsable del bosque y permite seguir la madera a lo largo de toda la cadena, desde su origen hasta su uso final. En este caso, ese seguimiento no se corta antes de la obra. El material llega con esa información incorporada, y eso modifica la forma en que se lee el proyecto. Alrededor de esto, el bosque empieza a adquirir otras dimensiones. En Zuleta o en Itulcachi, la gestión forestal se cruza con dinámicas de turismo comunitario, uso del paisaje y formas de relación que conectan el territorio con quienes lo habitan. “Esta certificación refuerza algo fundamental para nosotros: la coherencia. Nuestro manejo forestal responsable no termina en el bosque, continúa en el producto y ahora también en el espacio construido”, explica Pamela Delgado, jefe de marca de Novopan. Desde FSC Ecuador, Karla Salvador sitúa este tipo de iniciativas en un marco más amplio, vinculándolas con el posicionamiento del país en gestión forestal sostenible y consumo responsable. También te puede interesar: Cuando la inspiración natural se convierte en estándar de Sostenibilidad Ajustar el proceso, no el material En los materiales más intensivos en emisiones, la discusión no pasa por sustituirlos, sino por intervenir en el proceso que los produce. El concreto y el cemento siguen siendo parte central de la obra, pero lo que empieza a ponerse en cuestión es cómo se fabrican y qué carga ambiental arrastran. En ese terreno se empiezan a ver ajustes que conviven dentro del mismo sistema productivo. La incorporación de biocarbón introduce la posibilidad de capturar carbono dentro del material, mientras que el uso de arcilla calcinada reduce la dependencia de insumos tradicionales con alta carga de emisiones. Son variaciones que no cambian el resultado en obra, pero sí lo que ocurre antes. Ese desplazamiento también se refleja en el manejo de residuos. El hormigón demolido deja de salir del sistema y vuelve a entrar como materia prima mediante procesos que separan y recuperan sus componentes. Todavía no es una práctica extendida, pero empieza a cuestionar una lógica donde el descarte era el punto final. En ese contexto, el caso de Holcim Ecuador permite ver cómo estas transformaciones se van incorporando de forma progresiva. Incluso variables que durante mucho tiempo quedaron fuera de la discusión, como el uso de agua, empiezan a integrarse. La alianza con Cervecería Nacional, que reutiliza agua tratada de la planta de Pascuales en Guayaquil para la producción de concreto, introduce otra capa en esa reconfiguración del proceso. El material sigue siendo el mismo; pero lo que realmente cambia es lo que ocurre antes de que llegue a obra. Una misma presión, distintas entradas Leídos en conjunto, estos movimientos no responden a un único modelo. En un caso, el peso está en el origen, la trazabilidad y la relación con el territorio; en el otro, en la transformación de procesos industriales a gran escala. Si se vuelve a mirar hacia Europa, ese cruce ya no aparece como una excepción. La sostenibilidad empieza a operar como un criterio que atraviesa toda la cadena, desde la producción hasta el resultado final. En ese escenario, el proveedor deja de definirse únicamente por lo que entrega, y empieza a medirse por todo lo que hay detrás de ese material. Materiales de construcción sostenibles: cifras globales El mercado de materiales de construcción sostenibles dejó de moverse en márgenes y empezó a marcar el ritmo del sector. Para 2025, el volumen global se ubica en USD 532,54 mil millones y la proyección para 2026 apunta a un salto hasta USD 598 040 millones. La curva se mantiene en ascenso hacia 2034, cuando se espera que alcance USD 1.512,76 mil millones, impulsada por nuevas exigencias regulatorias, presión sobre costos energéticos y cambios en la demanda. En ese mapa, América del Norte concentra hoy la mayor participación, con un 32,1% y un mercado ya maduro. Asia Pacífico acelera con mayor dinamismo, mientras Europa reconfigura su crecimiento desde la regulación. En América Latina, Medio Oriente y África, el avance es más progresivo, todavía condicionado por financiamiento y adopción tecnológica.