La propuesta tecnológica se presentó durante 2019, en el Instituto de Neurociencias de la Junta de Beneficencia de Guayaquil. “Cuando hablamos de Internet hablamos de tiempo real. Si alguien presenta un problema, este se canaliza en ese mismo instante, no es necesario decirle al paciente que separe una consulta”, explicó Carlos Orellana, director técnico de Neurociencias. Para usar la app solo basta con enviar un número telefónico. Quien dé la alerta recibirá una llamada de profesionales del instituto o de estudiantes de la Universidad de Especialidades Espíritu Santo (UEES) que cursan los últimos semestres de Psicología. Ellos son preparados en talleres y seleccionados para ser parte del programa. “La llamada es una primera contención auxiliar. En el caso de ser un problema profundo, se recomienda a la persona a dónde acudir”, explica Ana María Calero, representante de la agencia Publicistas, generadora de la aplicación. Esta herramienta da soporte a casos de depresión y pensamientos suicidas en jóvenes, una problemática que ocupa el segundo lugar entre las causas de muerte en personas de 15 a 29 años de edad. La Organización Mundial de la Salud calcula que cada año se registran cerca 800.000 suicidios, mientras la cifra de tentativas es mucho más elevada. Orellana, psiquiatra y psicólogo clínico, asegura que desde hace seis años el suicidio es la primera causa de mortalidad en adolescentes en Ecuador. “Este problema se manifiesta a través de otras enfermedades como depresión, trastornos de conducta alimentaria, maltrato infantil, consumo problemático de drogas y problemas escolares y familiares”. El directivo asegura que esta tecnología es una alternativa frente al modelo tradicional de atención., Pues, al estar disponible por medio de Internet, brindará mayor cercanía con los adolescentes. “Su uso es muy sencillo y resulta amigable -reitera Calera-. No pide gran cantidad de datos personales, por lo que la app resulta más cercana en ese momento en que alguien puede pasar por depresión o pensamientos suicidas”. Fuente: El Comercio