Dentro de este contexto intrínsicamente entrelazado, donde las disparidades sociales y ambientales convergen, la relevancia del desperdicio de alimentos se hace cada vez más evidente. Para comprender esta problemática y sus diversas facetas, es crucial considerar la distinción entre la “pérdida” y el “desperdicio” de alimentos; siendo éstas dos etapas conectadas en el descarte de alimentos aptos para el consumo humano. La “pérdida” se refiere a los alimentos que son descartados en las primeras etapas de la cadena de valor (incluyendo la producción, procesamiento, transporte y almacenamiento), mientras que el “desperdicio” ocurre en las etapas posteriores, durante la venta minorista y el consumo. Aunque no es claro para toda la sociedad, las principales crisis ambientales actuales se originan mayoritariamente en la manera en la que producimos y consumimos alimentos. A parte, la producción convencional de alimentos es altamente demandante en recursos, desperdiciando todos los recursos utilizados en su ciclo. El agua, tierra y energía requeridos, son muy significativos. Por ejemplo,menos del 1% del agua de la tierra es de fácil acceso para su consumo, mientras que la producción de alimentos utiliza el 69% de este suministro. Asimismo, esta producción utiliza el 34% de la superficie terrestre, contribuyendo con ello a la pérdida del 40% de los bosques existentes. A su vez, la producción de alimentos representa el 30% del consumo de energía global, mayormente de fuentes no renovables, generando importantes emisiones de carbono. Finalmente, el manejo inadecuado de desechos orgánicos genera emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), siendo los Problemas de Desperdicios de Alimentos (PDAs) el 8% del total de las emisiones de GEI a nivel mundial. Mientras la producción y el consumo de alimentos genera estos serios problemas, la población mundial presenta alarmantes índices de obesidad y desnutrición. En el Ecuador, la desnutrición crónica infantil alcanza un índice del 20,1% de dicha población (Encuesta Nacional sobre Desnutrición Infantil, 2023). Adicional a estos problemas sociales, la economía del país se ve duramente afectada. Por ejemplo, las pérdidas por desperdicio de alimentos anuales alcanzan los 334 millones de dólares de acuerdo con el estudio de FAO y MAG en el 2018. Esta problemática claramente se entrelaza con múltiples ejes: social, económico y ambiental. Es un claro recordatorio de la importancia de abordar integralmente un problema para generar beneficios en varios niveles. De igual manera, la disminución de PDAs desempeña un papel crucial en la reducción de pérdidas económicas asociadas. Por ejemplo, la implementación de metodologías de reducción de PDAs, como el programa Hotel Kitchen de WWF Internacional, ha demostrado generar un retorno promedio de 14 dólares por cada dólar invertido para las organizaciones participantes. Así, queda claro que existen varias alternativas para abordar esta problemática; entre las que se destaca la reducción en la fuente, es decir, la prevención. En esta fase, las industrias cuentan con la oportunidad de repensar sus modelos económicos, adoptando paradigmas como la economía circular. En los hogares, estrategias como la planificación al comprar comidas y servir porciones, así como el almacenamiento correcto, son opciones valiosas. La redistribución de alimentos para las personas y animales son una segunda y óptima manera de aprovechar estos recursos, ya sea a través de bancos de alimentos o con otros actores fundamentales en el proceso. Contrariamente, el desecho de los alimentos se presenta como la vía menos eficiente, con opciones que varían su impacto negativo. El compost representa una alternativa más amigable, mientras que los rellenos sanitarios, la incineración y los vertederos acarrean consecuencias más perjudiciales. En definitiva, estas opciones nos trazan un camino hacia un futuro en el que el desperdicio de alimentos sea socialmente inaceptable, mientras nos ofrecen la posibilidad de generar cambios significativos y beneficiales, tanto para las personas como para la naturaleza.Texto: Victoria Mena/ Oficial de Programa de Bosques y Agua de WWF