Su padre, Sam Walton, fundador de la cadena de supermercados Walmart, decía de ella que era "la más parecida a mí, una rebelde, pero aún más volátil". De él heredó la mayoría de su inmensa fortuna. La menor de cuatro hermanos empezó a trabajar en el departamento de compras de ropa infantil de la cadena, pero pronto se dio cuenta de que esa no era su vocación. "Me divertí, pero no me interesaba", le contó hace unos años al New Yorker en una de las pocas entrevistas que ha concedido a la prensa norteamericana. Después de graduarse en Artes y Ciencias por la Trinity University de San Antonio, trabajó cómo analista financiera y bróker y llegó a fundar su propio banco de inversión. Aunque apenas está implicada en la gestión de la compañía (que dirigen sus hermanos Rob y Jim) los Walton han sido capaces de retener más de 50% de las acciones de la empresa, de la que siguen recibiendo sustanciosos dividendos anuales. Pese su privilegiada posición, Walton siempre ha conseguido mantener un perfil bajo. Los detalles de su biografía son escasos. Ha estado casada dos veces. La primera, con un inversor de Luisiana. El matrimonio apenas duró dos. La segunda, con el contratista que construyó su piscina y con idéntico resultado. Sin hijos, pero volcada en la cría de caballos, su auténtica pasión es el arte. Compró su primer Picasso con 10 años. Claro que era una reproducción que vendían en Walmart y sólo le costó 25 céntimos. Con una colección valorada en más de USD 500 millones (y obras de Edward Hopper, Georgia O’Keeffe o Asher Brown Durand) en 2011 Walton inauguró el espectacular Crystal Bridges Museum en Bentonville, Arkansas, su ciudad natal. El museo, que acoge una biblioteca con 50.000 libros, exhibe obras de Andy Warhol, Norman Rockwell o Mark Rothko, pero también la famosa Bachman-Wilson House, una vivienda diseñada por Frank Lloyd Wright que fue adquirida por Walton, desmontada pieza a pieza e instalada, más tarde, en los terrenos del museo. Aunque con su fortuna ha financiado campañas demócratas y republicanas, Walton tiene conexiones con la élite conservadora. Discreta y alérgica a los focos, solo su controvertido historial de tráfico ha conseguido convertirla en carne de titulares: arrestada en dos ocasiones por conducir ebria, uno de sus accidentes de tráfico se saldó con una víctima mortal en 1989. También te puede interesar: Melanie Perkins, la joven emprendedora más rica del mundo gracias a la app de diseño Canva Sin interés por la ropa o las tendencias (ha dicho que detesta ir de compras, aunque tiene un gran estilo propio) y con un estilo de vida sencillo para una multimillonaria como ella (un perfil que le dedicó Forbes enfatizaba que le gusta cocinar cuando recibe a sus amigos en casa) Alice Walton ha conseguido ser la mujer más rica de Estados Unidos sin renunciar a ser, también, una de las más misteriosas. Fuente: Women Now