Con esta frase tajante pero honesta, Bernardo Orellana, CEO de Anefi Administradora de Fondos y Fideicomisos, abrió su charla durante el Talent Summit 2025. Lo hizo recordando una conversación en 2018 con el Nobel de Economía Joseph Stiglitz en la Universidad de Columbia, en la que se revelaba que entre el 40% y 50% de los estadounidenses viven “de cheque en cheque”. Es decir, sin un colchón financiero que les permita afrontar una eventualidad. Lejos de quedarse en una estadística lejana, Orellana llevó la reflexión a su experiencia personal como estudiante universitario, padre primerizo y economista en formación. Y luego aterrizó la problemática en la realidad ecuatoriana, donde, según datos que compartió, el 92% de los colaboradores experimenta algún nivel de estrés financiero. El enemigo invisible de la productividad El estrés financiero, explicó Orellana, no es solo un asunto personal. Tiene un impacto directo en el clima laboral, la productividad, la rotación y el ausentismo. “Cuando los colaboradores no tienen bienestar financiero, su mente está en otro lado. Están viendo cómo salir del problema y probablemente también están buscando otro trabajo”, afirmó. Este panorama plantea un desafío para las empresas que buscan atraer y retener talento en un entorno cada vez más competitivo. Para Orellana, la solución pasa por implementar mecanismos de ahorro sostenibles, flexibles y alineados a la realidad de cada organización. Planes de ahorro con propósito Aunque en Ecuador esta práctica aún no es tan común, en otros países existen desde hace años iniciativas como fondos de empleados, planes de retiro o cajas de ahorro. La propuesta de Anefi consiste en desarrollar un sistema personalizado, que incentive el ahorro voluntario de los empleados y, opcionalmente, un aporte adicional por parte de la empresa. Esta estrategia, además de fomentar la cultura financiera, permite construir un fondo que puede ser usado como emergencia, jubilación o incluso para créditos internos, como estudios o vivienda. “El ahorro crece como una bolita de nieve. No solo se capitaliza, sino que genera beneficios concretos para ambas partes”, explicó el CEO. Para los empleados, significa estabilidad financiera y acceso a recursos. Para la empresa, una herramienta de fidelización, desarrollo y compromiso. Un traje a la medida El enfoque que propone Anefi es claro: cada empresa necesita un plan hecho a la medida. Esto implica evaluar la composición del personal, los ciclos económicos de la organización, la existencia de utilidades o bonos, e incluso las necesidades específicas de los colaboradores. La estructura del modelo se basa en tres pilares: Gobernanza: Se conforma un comité con representantes de Talento Humano, Finanzas y colaboradores, que definen políticas de ahorro, inversión y créditos. Flexibilidad: Los aportes pueden ser periódicos o extraordinarios. Se permiten inversiones locales e internacionales, y se adaptan a corto o largo plazo. Gestión de riesgos: La administración busca garantizar que el dinero esté bien invertido, generando confianza y seguridad. Orellana recalcó que Anefi se encarga de la parte operativa, tecnológica y financiera, permitiendo a las empresas implementar este beneficio sin asumir mayores costos ni desviarse de su core business. Más que ahorro: cultura financiera Más allá del aspecto técnico, el mensaje de fondo es claro: el bienestar financiero debe convertirse en una prioridad estratégica. Promover la educación financiera, facilitar herramientas de ahorro y crear entornos donde el colaborador se sienta respaldado son acciones clave para construir organizaciones más humanas, resilientes y sostenibles. “Hoy el mercado laboral es mucho más competitivo. Tener beneficios que no representan un gasto extra, pero que sí fortalecen el vínculo emocional con la empresa, puede hacer una gran diferencia”, concluyó Orellana.