Varios factores refuerzan esta problemática: La revolución del arado: Al principio, era solamente un palo halado por bueyes que rasguñaba la tierra. La verdadera revolución ocurrió cuando el proceso de arado se transformó, cambiando el palo por una suerte de cuchilla metálica, cuyo propósito no era solamente crear líneas profundas para el sembrío, sino también darle la vuelta a la tierra para que las semillas encontraran un suelo más idóneo para su desarrollo. Estudios recientes han demostrado que estos movimientos de tierra tienen un efecto negativo en la microfauna y en la estructura de los componentes del suelo. Esa microfauna juega un papel fundamental en la vida de la tierra, ayudando a su productividad y fortaleciendo su capacidad de absorber grandes cantidades de CO2, principal gas responsable del cambio climático. La desestabilización de la atmósfera: Se ha descubierto que el sistema digestivo de los animales rumiantes produce gran cantidad de metano, gas altamente perjudicial para la atmósfera. Se estima que, a escala mundial, anualmente el ganado es responsable de emitir gas metano equivalente a 3.1 gigatoneladas de dióxido de carbono a la atmósfera. Esto también genera un importante impacto en el cambio climático. Si bien la producción agrícola busca ofrecer soluciones para reducir su impacto ambiental, alimentar al mundo, cuya población alcanzará los 10 mil millones en el año 2050, sigue siendo su principal misión, ahora con importantes retos que sobrepasar. Y es ahí donde el concepto de Agricultura Regenerativa toma más valor, ya que apuesta por la revitalización y restauración de los suelos y ecosistemas agrícolas. A partir de este método, se busca no solo mantener la productividad de las tierras cultivables, sino también mejorar la salud del suelo, aumentar la biodiversidad y fortalecer la resiliencia de los sistemas agrícolas ante el cambio climático. ¿Cómo lograrlo? Impulsar técnicas que mejoren la estructura del suelo: Primero, es importante evitar la labranza profunda. Para mantener la microfauna y la estructura de los componentes del suelo se puede optar por la labranza superficial. Asimismo, es vital nunca dejar el campo expuesto sin cobertura vegetal. Esto permite proteger el suelo de la erosión, mejorando su estructura y fomentando la vida microbiana. Finalmente, es esencial reemplazar los insumos artificiales por materia orgánica procedente de desechos compostables, de preferencia compost de lombrices, así como limitar el uso de maquinaria pesada para trabajar la tierra. Promover la diversificación de cultivos: La rotación de cultivos es importante y fácil de gestionar, siempre que se seleccionen cultivos aptos para una rotación eficiente que permita al suelo una sana recuperación. Integrar el ganado: En lo que se refiere a la ganadería bovina, varias acciones permiten reducir la huella de carbono. Es preferible evitar el pastoreo por tiempos prolongados en el mismo espacio y rotar el ganado en parcelas de tamaño reducido con una densidad menor de animales. Si bien esta acción es de fácil aplicación, el reto radica en ejecutarla cuando se enfrenta a una creciente demanda del mercado. Por otro lado, se debe contemplar la alimentación del ganado con alimentos poco propensos a la creación de metano, inclusive con la adición de probióticos. También te puede interesar: ¿Cómo la agricultura regenerativa impacta positivamente el campo ecuatoriano? Todas estas acciones necesitan conocimiento y, por ende, hace falta capacitación en el sector. También se necesitan inversiones para la adaptación de las máquinas al nuevo esquema de cultivo. Por eso, es importante el trabajo coordinado público-privado para impulsar una transición efectiva hacia una agricultura regenerativa. Para llevar a cabo todo esto en Ecuador, debemos tener en mente una realidad: más del 60% de las unidades productivas en el país son pequeñas empresas familiares, con conocimientos empíricos de la producción agrícola y poca motivación para el cuidado del medio ambiente. En este sentido, no más del 1% de las unidades agrícolas están certificadas en la aplicación de las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA). Es por ello que el esfuerzo para una transición a la agricultura regenerativa es inmenso y necesita la colaboración e integración de varios actores, tanto del ámbito público como privado. Definitivamente, necesitamos invertir mucho más en educación, capacitación y consolidación de alianzas estratégicas. Desde la Asociación Nacional de Fabricantes de Alimentos y Bebidas (ANFAB) estamos dispuestos a hacerlo. Nuestra misión es firme: impulsar el desarrollo sostenible de la industria alimentaria en el país, velando día a día por la disponibilidad de productos inocuos para las familias.