Una cosa debe quedar clara: a WhatsApp no le interesan ni nuestras conversaciones, ni nuestras fotos; de hecho, tampoco le interesa nuestro nombre, ni nuestra identidad en particular. Lo que sí le interesa es la forma en la que utilizamos nuestros dispositivos, la forma en la que navegamos, cuánto gastamos en línea y la manera en que interactuamos con contenidos digitales. ➤ Ver también: El anuncio de WhatsApp y sus efectos A raíz del anuncio de la actualización en sus políticas de privacidad, muchos usuarios no entendieron el alcance que tendrían e iniciaron descargas de pánico de otros mensajeros digitales como Telegram o Signal. Lo que no necesariamente implica una crisis para WhatsApp, puesto que, si bien el número de descargas diarias disminuyó, la cantidad de usuarios permanece constante. Por ello, decidieron postergar la entrada en vigor de sus nuevas políticas hasta el 15 de mayo. Lo que la aplicación de mensajería hará es recopilar una serie de datos digitales con la intención de crear perfiles mercadológicos mucho más precisos y eficientes, cuya intención es aplanar el camino para la tan anunciada plataforma publicitaria de WhatsApp. La realidad es que la actualización de WhatsApp busca cimentar la creación de una plataforma de comercio electrónico basada en los hábitos de navegación e interacción con contenidos y con las cuentas empresariales. Si bien es importante que los usuarios de las plataformas digitales cuidemos nuestros datos personales, también es cierto que hay un gran desconocimiento no sólo de qué aplicaciones los guardan, sino en qué consisten. Si nuestro teléfono celular tiene una aplicación o un juego “gratuito”, eso significa que nuestros datos ya están en manos de terceros. En internet, nada es gratuito, aunque no cueste dinero.