En su recorrido por territorio ecuatoriano (12 provincias del país), la ONG es testigo de la violencia física, sexual y emocional que vive este grupo vulnerable en su entorno íntimo y cercano: familia, barrio o comunidad. Rossana Viteri, Directora de Plan International Ecuador, nos adentra a esta dura realidad, pero también señala que queda un largo camino en esta lucha. Siete de cada diez mujeres en Ecuador sufren violencia física o sexual. ¿En dónde radica esta problemática? Sin duda, la violencia tiene causales en un sistema patriarcal y en normas culturales que ubican a las mujeres en un lugar de menor valoración en comparación a todo lo que se considera masculino. Son patrones culturales que intentan disminuirlas, hacerlas inferiores y valorarlas poco o nada. Es un tema que debe afrontarse con urgencia para generar mejores niveles de equidad en la sociedad, para que las niñas dejen de ser violentadas, para que las adolescentes crezcan seguras y para que las mujeres tomen decisiones de su vida personal o profesional con base en la autonomía, resiliencia, empoderamiento y liderazgo. Siendo un tema estructural, los niveles de poca valoración empiezan desde que las niñas nacen o incluso antes, por eso nuestra estrategia es integral e inicia desde la primera infancia hasta los 24 años. ¿Cómo abordan un problema tan complejo, donde está involucrada la familia, la comunidad y la sociedad? A través de estrategias múltiples y sistemáticas, intentamos cortar los círculos viciosos de violencia contra las niñas y jóvenes que azotan a Ecuador. Un ejemplo de ello es incorporar a los padres en la crianza de sus hijas. Se trata de cambiar su rol tradicional centrado exclusivamente en proveer a su familia hacia una paternidad activa; así, un papá distante se convierte en un padre cercano y se involucra en el crecimiento y desarrollo de su niña. A la larga, son esos lazos afectivos los que inciden en no reproducir violencia en las actuales y siguientes generaciones. Otro ejemplo es trabajar en la prevención del embarazo adolescente para que las chicas no corten sus proyectos de vida a temprana edad. ¿Cómo? Fortaleciendo su autoestima, de tal manera que las jóvenes adquieran autoconfianza, se sientan valiosas y valoradas. A la par, es importante entender y apoyar su proyecto de vida y sus sueños. No hay duda que las niñas equipadas con una renovada autoestima y con un plan de vida podrán sortear los obstáculos que se presenten para cumplir sus metas. Por otra parte, hemos creado escuelas de liderazgo, en conjunto con el sector privado, con el fin de fortalecer las habilidades blandas en las niñas (liderazgo, capacidad de decisión, empoderamiento, vocería); así como, el desarrollo de más de 250 emprendimientos para prepararlas para la vida laboral. ¿Cuál es la forma más efectiva de involucrar a los hombres en este cambio cultural? Los hombres deben estar involucrados desde temprana edad para cambiar su manera de entender su masculinidad, es decir, desmitificar lo que es ser hombre o “macho”. Hay otras formas de ser hombres, igualmente varoniles, centradas en la igualdad entre los géneros y respetuosas de los derechos de las mujeres. En esta línea, desarrollamos la iniciativa ‘Campeones del cambio’, que ha sido muy exitosa porque genera esa reflexión de “yo fui educado en esta cultura, pero no necesariamente es la correcta”. Los hombres deben aprender a expresar sus sentimientos, pues parte de ‘ser hombre’ es reprimirlos, pero es imperioso que aprendan a canalizarlos de forma efectiva para que no se desvíen en forma de agresividad e ira. La violencia en línea a niñas/adolescentes es una realidad. ¿Cuál es la situación en Ecuador? 1 de cada 2 niñas, de acuerdo a investigaciones de Plan Ecuador, asegura haber vivido más violencia en Internet que en la calle. Este nuevo fenómeno produce miedo de participar, miedo a dar una opinión, miedo a expresarse hasta el punto de perder su ciudadanía digital. Las amenazas en líneas son constantes y se transforman en amenazas físicas, sexuales y, por supuesto, psicológicas. Lo curioso de esto es que los atacantes son percibidos como hombres, a pesar de que las niñas no los puedan ver. Es así como, las mujeres se enfrentan -una y otra vez- a miedos e inseguridades, que derivan en altos niveles de estrés y baja autoestima. Parte de nuestra labor se ha enfocado en entrenar a las chicas a navegar en línea – incluyendo a través de sus redes sociales - de una manera en que estén conectadas y seguras.