La demanda mundial de productos del mar sigue creciendo, mientras la pesca silvestre enfrenta límites cada vez más estrictos para proteger los recursos marinos. Para Bruno Leone, presidente de la Cámara Nacional de Pesquería, Ecuador ha logrado responder a ese desafío mediante controles, decisiones basadas en evidencia científica y una apuesta sostenida por la trazabilidad. Referente mundial del atún “Ecuador es un pequeño gran país pesquero”, afirma Leone. El país ocupa el segundo lugar mundial en producción de atún, solo por detrás de Tailandia, con un procesamiento anual de entre 580.000 y 600.000 toneladas. Entre el 80 % y el 85 % de la pesca ecuatoriana corresponde al atún; el resto proviene de especies pelágicas pequeñas, peces demersales y pescados de mesa. Al tratarse de una especie altamente migratoria, su manejo trasciende la legislación nacional. En el Pacífico Oriental, la Comisión Interamericana del Atún Tropical (CIAT) reúne a 22 países que revisan cada año la información científica sobre el estado de los stocks para definir las medidas de ordenamiento pesquero. Un modelo basado en evidencia Según Leone, ese trabajo ha permitido: establecer límites al crecimiento de la flota, vedas estacionales, observadores presentes en el 100 % de los viajes y sistemas de monitoreo satelital para controlar el cumplimiento de las normas y proteger áreas sensibles. “Hay mucho control”, resume. Añade que las decisiones se ajustan conforme evolucionan los informes científicos y que, gracias a la recuperación de los stocks, se ha recomendado reducir gradualmente los días de veda. “A nosotros, más que a nadie, nos interesa que los stocks en el mar estén saludables, porque esa es la razón de ser de nuestro negocio”, concluye. La demanda mundial de productos del mar crece 3,2% cada año, mientras Ecuador consolida su liderazgo atunero con sostenibilidad, trazabilidad y certificaciones internacionales. "Ecuador se ha convertido en un ejemplo de pesca sostenible, de control de la trazabilidad y de lucha contra la pesca ilegal". La sostenibilidad abre mercados A los controles sobre la captura, se suma el fortalecimiento de la trazabilidad. Hace alrededor de ocho años, cinco empresas crearon la Fundación Tunacons para impulsar la certificación del Marine Stewardship Council (MSC), considerada la más prestigiosa en pesca sostenible. Hoy, más de 50 embarcaciones atuneras participan en este esquema bajo los mismos estándares. Leone recuerda que, tras la tarjeta amarilla emitida por la Unión Europea en 2019, el sector público y privado reforzó los controles para combatir la pesca ilegal y garantizar la trazabilidad de las capturas. “Ecuador hoy se ha convertido en un ejemplo de pesca sostenible y, sobre todo, de control de la trazabilidad y de la lucha contra la pesca ilegal”, sostiene. Añade que ese trabajo motivó la visita de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de Estados Unidos, interesada en conocer las medidas implementadas en el país. El dirigente destaca que las certificaciones dejaron de ser un elemento diferenciador para convertirse en un requisito de acceso a los mercados. “Hoy el mercado ya no premia la certificación; simplemente, quien no la tiene, no vende”, afirma. También te puede interesar: USD 8.400 millones y 290.000 empleos: así Ecuador mantiene la cima mundial del camarón Crecer con una visión de largo plazo Según la FAO, el consumo mundial de productos del mar crece alrededor del 3,2 % cada año, mientras la oferta de pesca silvestre permanece prácticamente estable debido a las medidas de conservación. Para Leone, ese escenario abre oportunidades para la acuacultura y, especialmente, para la maricultura, como demuestra el desarrollo de la industria del salmón en Chile. “Con manejos adecuados, con los controles adecuados y con la técnica adecuada, se puede producir sosteniblemente sin dañar la naturaleza”, sostiene. No obstante, considera que Ecuador debe fortalecer la investigación pesquera, mantener una institucionalidad técnica y generar condiciones que impulsen nuevas inversiones. También destaca el peso económico del sector. Con datos del Banco Central, señala que la pesca y la acuacultura generan alrededor de 439.000 empleos directos y que cerca del 65% de los productos pesqueros incorpora valor agregado, consolidando una amplia cadena productiva.