1. Sin talento… ¡ni pío! En medio del consenso de que en la Cuarta Revolución Industrial toda la agregación de valor proviene del talento, vale la pena recordar que el talento les pertenece a las personas, y, ellas, se reservan el derecho de dar lo mejor de sí. Por más escasez de empleo, si las condiciones laborales y el trato recibido no son óptimos, las personas trabajarán con la calidad necesaria para no ser despedidas, pero no le darán a la organización su esencia individual, sus valores, sus emociones más positivas ni su compromiso. 2. Fortalecimiento de la marca empleadora En tiempos donde el talento es rey, la fuerza de la marca para atraer y retener al talento clave se convierte en una de las acciones más inteligentes de una organización. Y los talentos que una organización necesita para cumplir su plan de negocios son cada vez más renuentes a trabajar en entornos donde la gente no es considerada un activo. Así, la percepción que tiene la comunidad sobre la calidad de una organización como empleadora, se convierte en un atributo de la marca, un intangible que vale muchos millones. 3. Re inventar el negocio Uno de los hallazgos compartidos por las organizaciones es que la pandemia les ha exigido re pensar la propuesta de valor a toda velocidad. Esta exigencia ha generado también una interesante paradoja, y es paliar la manejar la incertidumbre de las personas para que ellas contribuyan a gestionar la incertidumbre en el entorno de los negocios. La incertidumbre genera una sensación de amenaza en nuestro cerebro, la cual detona la ansiedad. Así, las organizaciones y los líderes necesitan generar una relativa paz emocional y espiritual en sus colaboradores, que facilite el que ellos conecten sus ideas para descubrir y disminuir las frustraciones de sus clientes y aumentar sus alegrías. 4. Generar una macro influencia en la sociedad La pandemia ha permitido la reconexión con lo esencial y realmente importante en esta sociedad, como por ejemplo la función que cumple la institución de la familia. Detrás de cada colaborador, hay en promedio 4 personas que se ven afectadas por la calidad del ambiente laboral que vive. Si es un ambiente de confianza, respeto e imparcialidad, de cuidado y bienestar, los miembros de su familia perciben que esto es posible, reclamándolo para sí mismos como una aspiración y un derecho. Por el contrario, cuando el ambiente que el colaborador vive es de temor, falta de cuidado e inequidad, se posiciona en su entorno familiar la creencia de que es lo que se merecen. 5. Acercarse al futuro… cualquiera que sea Si bien debemos tener la mente y el espíritu en el aquí y el ahora, es necesario ir armando poco a poco un borrador de la organización del futuro cercano. Y, respecto al talento, es importante definir la cultura que se requiere desarrollar de forma excepcional para alcanzar la organización a la que aspiran. Se trata de establecer la variable gente en la siguiente visión empresarial: la visión es a dónde quieren llegar y, la cultura, es cómo van a conseguirla. Para las organizaciones que no han desarrollado deliberadamente una cultura que acompañe el logro de los objetivos estratégicos existe el riesgo de volver a las andadas, de hacer más de lo mismo. Pero, hoy el riesgo es más alto, y es la desaparición de la organización en un lapso corto. Considerando estos argumentos, Great Place to Work® ofrece la posibilidad de certificar la calidad del ambiente laboral y descubrir el grado en que este acompaña la creación de valor, en un proceso asequible, rápido, fácil y 100% digital. ¿Qué le impide comenzar el proceso?