"Su partida entristecerá a sus parientes, a sus amigos y a sus lectores, pero esperamos que encuentren consuelo, como nosotros, en el hecho de que gozó de una vida larga, múltiple y fructífera, y deja detrás suyo una obra que lo sobrevivirá", señalaron en su comunicado los hijos del escritor, Álvaro, Gonzalo y Morgana. Jorge Mario Pedro Vargas Llosa nació el 28 de marzo de 1936 en Arequipa, la ciudad blanca en el sur de Perú. Y aunque siempre la ha señalado como su lugar de origen (y ahí, en la casa colonial donde nació, reposa su biblioteca), sólo vivió en ella un año. En 1958, gracias a una beca, Vargas Llosa se traslada con Julia a vivir a Madrid para hacer un doctorado en literatura. También puedes leer: Proyectos de purificación de agua y ciberseguridad son reconocidos a nivel nacional por su innovación Sin embargo sólo se queda un año en España y, al terminarse la beca, busca cumplir su sueño de vivir en París, un lugar mítico para escritores latinoamericanos de su generación -y previas- como Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Octavio Paz, Alejo Carpentier y Severo Sarduy. Las condiciones en las que vivía junto a su esposa en el Hotel Wetter del barrio latino, en la rive gauche eran modestísimas. Fueron los años dorados del Boom, al que solo pertenecieron formalmente Cortázar, Carlos Fuentes, Vargas Llosa y García Márquez. Si la gran escritura de la primera parte del siglo XX perteneció a la literatura estadounidense, la latinoamericana fue el fenómeno de la segunda mitad del siglo, y no solo sirvió de impulso para consolidar a escritores como el chileno Jorge Donoso o el cubano Guillermo Cabrera Infante. El apetito que se despertó por la literatura latinoamericana fue tal que también ayudó a que un público más amplio redescubriera viejos maestros como el argentino Jorge Luis Borges, el uruguayo Juan Carlos Onetti, el mexicano Juan Rulfo, el paraguayo Augusto Roa Bastos o el cubano Alejo Carpentier. La fiesta del chivo En 2000, cuando nadie lo esperaba, volvió a publicar una novela total con "La fiesta del chivo", que rivalizaría con sus grandes logros en la escritura, como "Conversación en la catedral" o "La guerra del fin del mundo". Era el regreso del Vargas Llosa que se metía en el fragor de los grandes acontecimientos políticos y de la violencia. Y también el regreso a un tema caro para los escritores latinoamericanos: el caudillo devenido en dictador. Fue, quizás, la última gran novela que escribió un integrante del Boom y es la más admirada del escritor en el mundo anglosajón. Entonces, el 9 de octubre de 2010, cuando Mario Vargas Llosa se encontraba en Nueva York dictando un curso de literatura en la Universidad de Princeton, a su apartamento alquilado entró la ineluctable llamada desde Suecia: había ganado el premio Nobel de Literatura de ese año. Después de un período en el que publicó varios ensayos y unas novelas menores, Vargas Llosa volvió a las primeras planas... pero de las revistas del corazón, a las que en múltiples ocasiones había manifestado su desprecio: a los 79 años de edad había puesto fin a su relación de medio siglo con Patricia para irse a vivir con la socialité española Isabel Preysler, exesposa del conocido cantante Julio Iglesias. Las pocas veces que habló sobre el tema lo explicó como consecuencia de un intenso amor, que al menos públicamente duró hasta diciembre de 2022, cuando la separación de la pareja fue anunciada, acaparando una vez más las portadas de la prensa rosa, y no tan rosa. También te puede interesar: Ecuador se convierte en líder tras la incorporación de dos nuevos Geoparques Mundiales de la Unesco También en 2022, a sus 86 años, ocupó el sillón número 18 de la Academia Francesa de la Lengua, los llamados "inmortales". Se convertía así en el primer escritor que no había publicado su obra en francés en ocupar un puesto en los casi 400 años de la ilustre academia. A fines de ese año terminó su relación con la Preysler y se reconcilió con Patricia. En 2023 publicó la que, anunció, sería su última novela: "Te dedico mi silencio". También dejó de escribir su columna semanal, Piedra de Toque, que había publicado por décadas. Al momento de morir, Mario Vargas Llosa era el último representante de una generación de monstruos que dominaron el panorama literario, intelectual y politico de América Latina durante el siglo XX. En los últimos años de su vida aseguró ser feliz. Fuente: BBC News Mundo