A menudo las mujeres tienen a su disposición menos recursos para protegerse, y con frecuencia representan, junto con sus hijas e hijos, la mayor parte de las poblaciones desplazadas y de personas refugiadas. Su exclusión de las labores de reconstrucción limita su acceso a las oportunidades de recuperación, de obtener justicia por las violaciones de sus derechos y de participar en las reformas de las leyes y de las instituciones públicas. El 31 de octubre de 2000, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 1325, una de las decisiones más emblemáticas del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y un punto de inflexión para la participación de las mujeres en la construcción de la paz. Por medio de su adopción, el Consejo de Seguridad puso sobre la mesa el efecto desproporcionado que los conflictos armados tienen en las mujeres y las niñas y, por primera vez, planteó el rol fundamental de las mujeres en la prevención y resolución de los conflictos, así como en la consolidación y mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales. La Resolución 1325 es la primera de diez resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que conforman la agenda de Mujeres, Paz y Seguridad, que aborda los pilares de participación, protección, prevención y consolidación de la paz, haciendo énfasis en la prevención, atención y persecución penal de la violencia sexual contra las mujeres durante un conflicto. La agenda de Mujeres, Paz y Seguridad reconoce a las mujeres como actoras fundamentales en la transformación de los conflictos y evidencia que se obtienen resultados mejores y más duraderos cuando las mujeres participan en la prevención de conflictos, la recuperación temprana de crisis o emergencias, los procesos de diálogo, la mediación y negociación y en la planeación e implementación de políticas de seguridad. También te puede interesar: De pioneras a mentoras: la huella de las mujeres en la educación superior ecuatoriana En términos globales las situaciones de conflicto y crisis afectan a las mujeres de manera diferenciada, por ejemplo: Estas y otras razones han impulsado a los países miembros de las Naciones Unidas a avanzar con el diseño y puesta en marcha de los planes nacionales para la implementación de la Resolución 1325. Estos planes se han adoptado ya en Argentina (2015), Brasil (2017), Chile (2015 y 2009), El Salvador (2017), Guatemala (2017), México (2021), Paraguay (2015), Perú (2021) y más recientemente en Ecuador (2024). El plan desarrollado bajo la coordinación del Ministerio de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana y con la participación de representantes de varias carteras de estado, contó con la asistencia técnica de ONU Mujeres y está orientado a abordar los impactos del conflicto que se identificaron en el país durante la fase de diagnóstico previa al diseño del Plan: En 2020, los femicidios relacionados con conflicto armado se duplican. Cambio de patrón en los femicidios: Mayor uso de armas de fuego (78% en 2023), femicidios públicos, impersonalizados y con mensajes de poder. Roles: Participación en posiciones subordinadas y peligrosas, riesgos de amenazas, represalias, explotación sexual y femicidios. Violencia sexual como arma de guerra y control: Coerción y dominación masculina, uso del femicidio para enviar mensajes de poder y control territorial. Niñas y adolescentes en riesgo: Reclutamiento, trata. El 89% de víctimas de delitos sexuales son menores de 30 años. Los principales objetivos del plan son: En una época en la que el mundo aumenta su gasto militar y se plantea el conflicto como la única forma de abordar las diferencias, es necesario recuperar el concepto de cultura de paz, esa idea de que la paz no es simplemente la ausencia de conflicto armado, sino un estado positivo en el cual se promueve la justicia, la igualdad, el respeto mutuo y la cooperación en diferentes niveles: desde las relaciones personales y familiares hasta las interacciones a nivel internacional. Trabajar por la paz y la seguridad en nuestro país hoy se siente más urgente que nunca; mujeres y hombres de todas las edades vemos como la violencia y la inseguridad amenazan a nuestras familias y nuestras comunidades, por esto la construcción de la paz debe trabajarse en todos los ámbitos, no como una respuesta violenta a la violencia, sino como una forma de construir redes de solidaridad, afecto y cuidado.