Nutrición personalizada Según McKinsey & Company, los consumidores —especialmente la Generación Z— muestran una creciente preferencia por alimentos funcionales —productos enriquecidos con nutrientes o compuestos bioactivos—, que ofrecen beneficios para la salud y el bienestar más allá de la nutrición básica. En esa misma línea, existe una creciente demanda de alimentos “limpios”, mínimamente procesados y sin aditivos artificiales ni conservantes, priorizando cada vez más la compra de productos naturales u orgánicos. Asimismo, resulta clave considerar las tendencias relacionadas con la sostenibilidad ambiental y la responsabilidad social: hoy, las empresas deben demostrar estas prácticas con acciones concretas, no solo con declaraciones, cuidando el entorno en el que operan, velando por los intereses de los actores de su cadena de valor y contando con planes claros para mitigar su impacto ambiental. Tecnología e innovación como multiplicadores de valor Además de los cambios en las tendencias de consumo, también evolucionan las dinámicas de compra y la interacción con las marcas por la irrupción de la inteligencia artificial (IA). Según Kantar (Tendencias 2026), el 24 % de los usuarios de IA ya utiliza un asistente de compra, confirmando que la compra delegada es una realidad y no solo entre nuevas generaciones. Por ello, la industria alimentaria y sus marcas deberán fortalecer su posicionamiento para ser visibles y recomendables ante algoritmos, IA y motores de búsqueda. En producción y lanzamiento, el uso de datos sintéticos acelera decisiones con exigencias de calidad y ética; Kantar señala que sus modelos alcanzan entre 94 % y 95 % de precisión, permitiendo testear innovaciones, conceptos o empaques con mayor rapidez sin comprometer la reputación. También te puede interesar: Más de 6 millones de toneladas sostienen el liderazgo del banano Dato clave del estudio de Kantar: las marcas que se atrevieron a reinventarse o a romper su categoría crearon USD 6,6 billones en valor en los últimos 20 años. Innovar no significa únicamente lanzar nuevos productos, sino reinterpretar ocasiones de consumo, formatos, beneficios funcionales y experiencias alineadas a tensiones reales del consumidor. En Ecuador, aunque estas tendencias globales son relevantes, su adopción aún se concentra en un segmento minoritario con mayor poder adquisitivo. El desafío es llegar a la mayoría de consumidores -la base de la pirámide- que quiere participar en estas tendencias, pero requiere precios accesibles. Otro gran desafío para la industria es la expansión de los hard discounters, que están ganando cada vez más terreno frente a las tiendas de barrio, históricamente un pilar del consumo masivo en Ecuador. Estas cadenas imponen nuevas reglas del juego, en especial con el auge de sus marcas propias, mientras el consumidor modifica sus hábitos y los modelos de consumo evolucionan. En este escenario, la industria apuesta por replantear estrategias para competir en contextos diversos y dinámicos, y en Ecuador las empresas del sector están listas para hacerlo.